HISTORIA DE LA HUMANIDAD

1ª PARTE

E L     F U T U R O

 

Fotografía: Renata Julga

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Idiom         : Spanish (urban version from 2009)

Place/time    : Asylum, 6076 (Others not allowed)

Recording…  : Remaining time – universal eternity

Please talk ….


 

¿Esto ya está grabando?… A ver cómo nos entendemos.

Ejem, ejem… ¡Mierda de tecnología! ¿Qué era lo que yo quería decir? ¡Si no fuera por este robot que soporta todo lo que le hablo no tendría con quien hablar!

Vamos a ver; voy por la avenida de las delicias del asilo de ancianos. Hoy es un día precioso aunque a nadie le interese eso. Siempre empiezo hablando del clima, será una costumbre de anciana decrépita. ¡Uy! Que se me va la cabeza. ¿Ese bip bip bip será que esto está grabando o estoy hablando sola por la calle como las locas? Vamos a hacer una prueba.

Bajo, sigo bajando a paso lento, muy lento por la Avenida de las delicias. Tengo que llevar los cascos y las gafas al especialista para que me los ajuste porque apenas escucho los bip bip que me mantienen viva y proactiva.

Hoy estoy algo cansada. La inyección del robot enfermera me ha despertado cinco minutos antes porque su sistema determinó que yo estaba semi muerta. ¡Máquinas! ¡Estoy muerta desde hace cuatro mil años!

Las calles están llenas de baches que pueden hacer que una abuela como yo se descalabre. Debo esquivarlos porque me niego a montarme en esas plataformas voladoras individuales para recorrer la ciudad como si fuera montada dentro de un huevo transparente. He visto ya muchos accidentes con abuelos que se han chocado entre ellos y los robots enfermeros han corrido a inyectarles el vita-totta para que se levanten de una patada energética en el culo. Me niego a ello. Yo creo que soy una de las últimas que mueve las piernas y pisa con los pies de manera natural en las plataformas asfálticas de polietileno.

¡Estos cascos! Como se me caigan al suelo la hemos cagado. En fracción de segundos tendré un puñetero robot enfermera recogiéndolos del suelo y clavándomelos al cráneo. Mis cascos, son lo único que me mantienen viva, allí reproduzco la música de todas las épocas por las que pasó la humanidad. A mí especialmente me gusta esa electrónica que se hizo en el siglo 21 ¡Me trae tantos recuerdos de cuando estaba viva! Eran buenos tiempos, salía con mis amigas, tenía novios por todas partes, mi coche, mi piso de 15 metros cuadrados ¡Ah, qué recuerdos!

Los beats me mantienen respirando. Sólo me desconecto cuando tengo que dormir. Me recuesto en la cama y el robot enfermera me inyecta la solución que despereza mis venas y soy capaz de dormir por meses, pero ella siempre me despierta al día siguiente para que no me olvide que hay una razón para mantenerme viva: Vivir.

Hago todo lo que dice el robot médico holográfico: hago ejercicio físico todo el día conectada a esa música vieja, me trago las vitaminas que se inflan en mi estómago, y de vez en cuando hago algún viajecito interestelar con esas puertas dimensionales que aún no aprendo a usar pero que me despeinan todo el rato. ¡La madre que las parió! ¡Todo está diseñado para gente joven!

Un momento; tengo una llamada. ¡Es mi hija! A ver si un día me entero cómo van las gafas para comunicarme con ella y verla y oírla a la vez. Siempre se me va el audio y la imagen al carajo.

La navidad pasada mi hija adoptada me regaló esta puerta dimensional que es como una funda de almohada de las de antes pero más grande, y sólo tengo que extenderla en cualquier sitio para transportarme donde quiera (dentro del asilo) gracias a un ordenador que lee los pensamientos. Pero por más ella me lo ha explicado por espacio-conferencia como va la cosa, no me entero. Y digo yo, si fuera tan fácil de usar el cacharro éste ¿porqué no se compra ella una y me visita más seguido?. Seguro que es porque está ocupada con su trabajo, sus tres esposos y con los tratamientos para mantenerla siempre joven y viva… Si no me equivoco y me salen las cuentas yo creo que ella murió de manera natural hace un par de décadas pero se mantiene como una moto gracias a las inyecciones de vita-totta. Ahora que lo recuerdo, ella con ninguno de sus esposos se ha planteado adoptar hijos. Ella dice que eso es para humanas histéricas.

¡Humanas histéricas! ¡Será hija de puta! Si esa hija adoptada malagradecida mía supiera lo que sufrimos el año 2050 con el virus genético  de los estadounidenses que se les descontroló por el aire y envenenó a todas las mujeres del planeta haciéndolas infértiles. Ese año el mundo se condenó a la extinción y, a la fecha, el mismo puñetero gobierno estadounidense sigue pidiendo disculpas. Nunca más una mujer podría tener hijos ni siquiera a través de inseminación. Todas las mujeres se secaron por dentro y ya no hubo razón para casarse ni buscar la felicidad. El individualismo creció como la espuma y los gobiernos mundiales comenzaron sólo a pensar en los seres humanos como unidades afectivas. El crecimiento demográfico se detuvo en seco y el último niño que nació por parto natural vino al mundo deforme con la misma cara de Michael Jackson.

En esta esquina debo tener cuidado. La esquina de la calle ferrocarril del asilo está hecha polvo y ha sido siempre conflictiva. En esta esquina siempre se chocan los abuelos montados en las plataformas. Por eso siempre hay una unidad vigilando que nadie se vaya a meter un piñazo porque es un gasto de energía desorbitante recoger a dos abuelos accidentados para revivirlos con la inyección esa y, menos aún dejarlos morir para cremarlos por petición de la familia.

Recuerdo Madrid con sus rascacielos y su gente joven volando por los aires a sus trabajos con la prisa que sólo tienen ellos; las mujeres divinas pasear ostentosas con sus maletines, los hombres obsesionados con los resultados del fútbol con el planeta vecino (los de las colonias exploradoras) ¡Ese es el Madrid que me gusta, el de hace unas décadas atrás!

Hubo un tiempo que la antimateria nos mantenía en un estado de guerra latente. Eso hasta el año 4058 en que, la que era nuestra principal fuente de energía, llevó la desgracia a medio oriente ¡Dónde más si no! ¡Esos hijos de puta que en nombre de su ridículo Dios son capaces de poner el mundo patas arriba! ¡Es increíble que, siendo que casi rozamos el 6077, aun tengamos gentuza que cree en cosas invisibles! Si fuera por mí les hubiese exterminado antes a ellos y no como hizo USA al exterminar a todos la raza oriental.

Mi hija, siempre que me llama, dice que me calme; ahora por ejemplo veo su imagen pero no tengo audio, pero sé que estará diciendo que no me meta en política universal a ver si me van a escuchar los del asilo y me van a tener durmiendo por días por rebelde porque que cada vez que me exalto no me tomo las medicinas. ¡No hay cosa que me joda más! ¿Qué es eso que me quede calladita? ¡Faltaría más! Una vez incluso me amenazó que si no dejaba de revolver el gallinero en el asilo con mis cosas contra USA iba a dar la orden para que me congelaran como a un palito de merluza ¡Eso le gustaría a ella porque así le saldría más barato el asilo!

Yo con las fechas me suelo hacer un lío. Después de todo sólo soy una vieja inútil aquí encerrada en la unidad de tratamiento de Madrid. Sé que hay unidades para viejos como yo por todo el mundo porque fue decisión de la Unión europea plantarlos por doquier y llenarlos de viejos inútiles como yo. Todo gracias a que un par de siglos atrás se demostró que los planetas colindantes eran aptos para la subsistencia humana si los colonos se inyectaban de por vida una proteína que transformaba cualquier gas en oxígeno ¡Y todo el mundo se mudó de planeta, incluso yo, pero aquí estoy de vuelta! Ya sabéis, los viejos estorbamos en todas partes.

Pero eso de la colonización universal fue antes del cataclismo de la antimateria que sacó al planeta de su eje de rotación. La Tierra comenzó a vagar por el universo como una pelota de ping-pong siguiendo una trayectoria que alteró las leyes gravitatorias, las mareas y ya no hubo razón para creer que había un Dios que controlaba algo ¡Si estábamos a la deriva en el universo, quien iba a controlar nada!

¡Si yo me pusiera a hablar no veas la que liaría!

Yo recuerdo que cogí a mi niña adoptada y me lié la manta a la cabeza y me fui con lo puesto. La Tierra se anegó completa como cuando llueve en Levante. Nos compramos un billete de estos interestelares y, antes del viaje, nos inyectaron la solución ésa para morirnos y revivirnos con el vita-totta, la enzima que permitía respirar en cualquier ambiente. Pero claro, para eso nos tuvimos que morir como seres humanos y renacer como colonos. Pero a mí qué más me daba, si era un pinchacito de ná. Era como una visa de las de antes. Claro, no todos tuvieron derecho a ella, pero ese es otro cuento, ya sabéis.

Yo recuerdo que desperté en aquella sala de post operatorio con mi niña al lado que jugaba con las enfermeras robots y me asomé a la ventana. Al otro lado tenía el planeta tierra, tan bello y tan desgastado. De los antiguos continentes apenas se vislumbraban las costas; era casi todo mares y mareas. Y me sentí feliz de salir de allí. A mi familia la dejé viviendo en las plataformas marinas a esperas que aceptaran sus solicitudes también para emigrar.

Con el tiempo se diseñaron nuevas naciones y ciudades idénticas sobre las antiguas como se hizo con Troya en la antigua Grecia y la base era una gran plataforma semi translúcida donde, si te agachabas y te pegabas al suelo, podías ver la sombra de los pocos peces y bicharracos que sobrevivieron al cataclismo.

¡Este sitio está lleno de ancianos! Son seres humanos que se mantienen vivos a la fuerza hasta que quieran sus familias dejarles morir sin la inyección (que es cuando se les acaba el dinero que se paga por el asilo) o bien pueden volver con ellos si aceptan inyectarse vitta-young que es una porquería que te tiene meses vomitando dentro de una cámara de gas y te rejuvenece hasta tener treinta años. Dicen que las colonias están super poblándose de ancianos de 30 años, todos guapísimos pero con ganas de morirse de una vez.

¡Fíjese usté! Aquí nos tienen, nuestras familias, en el asilo de Madrid toda entera para nosotros, conectados a un sinnúmero de cosas para mantenernos vivos. ¡Ni siquiera soy capaz de cagar si no es por algún tubito que tengo metido en alguna parte!

Un día voy a ceder. Voy a ir a la Seguridad social del asilo y me apuntaré al programa de rejuvenecimiento para que me dejen como cuando tenía 30 y, así pueda salir de aquí para irme con mi hija adoptiva aunque después solo tenga ganas de morirme.

No sé porqué la Humanidad llegó a este orden de cosas tan injusto. No entiendo porqué te mantienen vivo y no te dejan morir cuando te da la gana. Encima te castigan por tener el aspecto de un anciano y te mantienen retenido en un asilo. ¿Eso está bien?

Yo, si de mi dependiera, volvería al antiguo orden de cuando vivías ciento cincuenta años y luego te morías de manera natural. Ahora no; ese loco afán de super-poblar el universo con generaciones artificiales de jóvenes de cuerpo pero añejos de espíritu. ¿Qué va a ser de nosotros?

La ciudad asilo está tan fea con toda esa publicidad que nada más resalta la belleza de la juventud que vivo deprimida. Otro día saldré a dar un paseito un poco más allá de la calle ferrocarril, ahora estoy muy cansada y la energía de mis gafas pantalla y los reproductores cada día me duran menos. Creo que voy a llamar a uno de las enfermeras robot que están en cada esquina para que me enseñe cómo usar la puerta dimensional para volver a casa ¡Estoy tan desmemoriada últimamente!

Los días son tan luminosos dentro de esta pecera de planeta. Es como que nunca anocheciera, siempre hay luz artificial, si me caigo al suelo no me hago mucho daño, me alimentan, me mantienen viva y fresca, me cuidan e incluso algunos robots me quieren. Solo extraño a mi hija adoptada.

¡La echo tanto de menos que duele!

Me voy a casa, estoy harta de caminar por caminar. Debería  dejarme morir para probar si algún robot de éstos se da cuenta y me revive a tiempo. Esta noche haré la prueba para ver qué tan sensibles son a los sentimientos humanos. ¡Uy! ¿He dicho humanos? ¡Pero si yo llevo muerta desde la época de la colonización! Si estoy viva gracias a todo lo que me inyectan.

¡hace siglos que no nace nadie de manera natural! Quizá eso es lo que hecho de menos más que a mi hija… Echo de menos la humanidad de la gente. A veces me pongo a pensar y llego a la misma conclusión: los seres humanos renunciaron a su vida para poder salir de un planeta agonizante a colonizar otras galaxias y mira lo que son las ironías que han vuelto a La Tierra nada más que los despojos de esos colonizadores transformados en trozos de piel andantes que se niegan a rejuvenecer.

¡Un día me voy a escapar sólo para dejarme morir y saber qué se siente que nadie venga a hacerte reaccionar artificialmente!

Cada vez escucho más débilmente los bips que me recorren. Voy a llamar a un robot enfermera que me ayude a regresar a casa porque estoy algo desorientada. Otro día seguiré hablando y grabando mis quejas de vieja aburrida.

¿Oís ese pitido?

… End of transmision….

 

 

2ª PARTE

E L      P R E S E N T E

 Fotografía: Renata Julga


“Please press REC and talk … we’re recording for the Future….”

 

Hoy he abandonado a mi madre. He pedido que vinieran por ella los del asilo y ya se la han llevado. La acosté sobre su cama semidesnuda y desinfectada y de ese modo los robots la han puesto sobre una camilla para sacarla volando a través del transportador.

Los médicos dicen que vale la pena salvarla. Sí, salvarla. Ella siempre fue férrea defensora del “hablar por hablar” y los médicos dicen que esa característica es la que le ha salvado a ella y a los que mantienen esa vieja costumbre humana. Lo último que supe es que le habían injertado un procesador diminuto (del tamaño de un piercing) en los labios y así registrar todas sus palabras; las mismas palabras que contarán el devenir de la humanidad. La Historia es así desde hace siglos. La cuentan los historiadores comprados por los que siempre ganan.

Gracias a mi madre y a que la cedí a la ciencia me han asegurado algunos años más de vida y estudiarán mi caso cuando llegue la hora de decidir si puedo ser eterna o no.  A ella ahora la drogarán con algo para mantenerla viva hasta que ellos digan que ha sido suficiente y la “apagarán”  Eso sucederá el día que ya no pueda más y haya perdido las ganas naturales de vivir (si a esto se le puede llamar natural)

A mi me han negado el acceso a verla y el acceso a sus drogas para ser eterna porque no heredé la costumbre de contar por la boca lo que veo con los ojos. Digamos que esta es la primera vez que me da por escribir lo que siento ahora que sé que en el fondo he abandonado a mi madre. Yo no hablo mucho; sólo sé escuchar, aunque no muy bien.

Puede decirse que soy parte de una generación de jóvenes indiferentes que reptan por las ciudades del mundo con unos cascos puestos oyendo voces (de gente quizá ya muerta) tocando instrumentos y sintetizadores de última generación. Nosotros reptamos especialmente por el metro porque es bajo la tierra donde nos sentimos más humanos. Somos y actuamos como gusanos y recorremos las profundidades de la tierra sin tener contacto entre nosotros. Ni siquiera nos besamos. A nosotros la boca nunca nos sirvió para nada, ni siquiera para comer por eso somos todos muy delgados y blanquecinos. Nuestros dedos son alargados y casi traslúcidos pero muy hábiles con las teclitas de cualquier artilugio digital que llegue a nuestras manos. Somos como gusanos fashionistas: pálidos, alargados, tristes, caminamos lentamente, no tenemos ganas de vivir.

Mi día a día es como el de cualquier mujer bulímica. Despertamos de golpe y nos golpeamos violentamente contra el suelo en busca de nuestras gafas oscuras que nos calzamos para ver las noticias del universo. Todo en nuestras casas se graba con millones de cámaras instaladas en todas partes. Ellos tienen acceso a toda la información que descargamos en nuestros cerebros. Sin una conexión nos moriríamos, es como una droga, necesitamos información. Lo primero que hacemos antes de ver la luz artificial del sol generador es enviar el primer mensaje escrito mediante parpadeos que se transforman en “ceros” y “unos” (transformados en emoticones) al ciberespacio como si fueran mensajes en una botella.  Luego nos arrastramos al sofá-ventana para encender el primer cigarrillo viendo  desde los rascacielos el movimiento de lo que haya en el exterior. Cuando miro por la ventana sólo veo haces de luces; hace años que no veo el movimiento de algo verdaderamente. Una vez que el ser humano rompió la barrera del sonido dejamos de ver y disfrutar del movimiento de las cosas. Es muy triste. Es todo muy rápido.

Personalmente no recuerdo la última vez que cagué como un ser humano. Se me viene esta idea mientras leo los periódicos digitales y la programación de la televisión. Llevo mucho tiempo sin evacuar de manera natural mi estómago porque por dentro estoy vacía. En estos tiempos eso es lo normal. Todos nos operamos para no sentir necesidades fisiológicas y dejamos de comer para no malgastar nuestros organismos con trabajo innecesario de digestión. Yo creo que la próxima semana me operaré por enésima vez. Esta vez pediré que me sellen el ano porque ya no tiene sentido tener un agujero en el cuerpo que ni siquiera sé para qué lo quiero ya. Pediré, también, que me pongan dos tallas más de tetas y que me rebanen un poco las caderas porque son demasiado pronunciadas. Aunque después de todo no sé para qué hacerme tanto arreglo.

Hubo una época bastante divertida hace unos años atrás en que podías cambiarte las partes de tu cuerpo que no te gustaban. Yo intercambié en el banco de órganos mis dos piernas. Aunque luego intenté con un pulmón que no me funcionaba bien pero el indigente que me lo iba a dejar murió una noche que hizo mucho frío. Los intercambios de partes de tu cuerpo ahora están prohibidas porque la gente perdía el control e incluso algunos cambiaban casi completamente y luego no había modo de reconocerles lo que propiciaba el delito. La medicina plástica es un bien al que todos tenemos acceso desde siempre (desde que tengo uso de razón) A veces me pongo a pensar en que no me gustaría terminar como mi madre y que mi hijo me dejara así como la dejé yo a ella para uso de la ciencia. A veces pienso que en vez de operarme el culo y las tetas debería extirparme el útero y así no albergar ninguna posibilidad esperanza a este planeta.

Me inyecto cada domingo mi ración de vitaminas que me alcanza para toda la semana directamente a lo que me queda de flujo sanguíneo y he pensado en reemplazarme toda la sangre por algún combustible más sano y productivo que no me amenace con leucemias. Ya veré.

Luego de leer las noticias de las colonias de las lunas de Saturno me meteré en el estabilizador que pondrá cada célula de mi cuerpo en su sitio. Tengo treinta años pero quiero lucir toda mi vida como si tuviera veinte hasta que llegue a los cien. Quizá para cuando eso ocurra las leyes se hayan reblandecido y todos podamos tomarlas. Actualmente sólo las administran a los ancianos porque graban sus voces y con eso escriben la historia; a los que no hablamos no nos las administran porque no aportamos nada a la sociedad; sólo vamos de un lado a otro pensando en qué operarnos.

Escribir no está mal. Me gusta. Aunque mi idioma original no sea el español del siglo XXI sino el arameo antiguo de los tiempos de un tal Jesús. Cada vez que quiero aprender una lengua nueva me conecto al estabilizador y me descargo alguna lengua muerta. Es una de las pocas cosas que me motivan de este mundo. Tenemos toda la información (que ellos quieren) disponible a cualquier hora del día y la capacidad cerebral de inyectarnos todo ese saber en milésimas de segundo a través de espasmos eléctricos. De este mismo modo aprendí Física Cuántica y Álgebra Booleana. Quizá tanto conocimiento ya no le sirve a nadie. Tuvimos acceso a él a cambio de nuestra humanidad, y si lo pienso bien con todo ese conocimiento podríamos tener grandes carreras pero no es posible. Hubo un tiempo en que la gente se ayudaba entre sí y se enseñaban cosas unos a otros, pero ya no. Hoy el acérrimo individualismo nos ha carcomido y ahora nadie ayuda a nadie; perdimos el sentido de comunicarnos entre nosotros y la capacidad de amar lo que hacemos. Sólo queremos poseer el conocimiento para desecharlo y coger un poco más. Hambre sin fin. Todos los días siento mucho hambre.

Hoy por hoy sólo nos dedicamos a estar encerrados en casa, en nuestras cápsulas de diez metros cuadrados que son como pequeñas naves espaciales cuadradas cristalinas que se unen unas a otras formando rascacielos. El día que nos cansamos de nuestros vecinos preparamos el despegue de nuestra habitación-nave y la separamos del resto del edificio para mudarnos y acoplarnos en otra comunidad. Puede decirse que nuestras ciudades son bastante dinámicas. Antes de mover nuestros cubículos trazamos nuestro plan de mudanza y lo enviamos al sistema central que nos da la ruta y la hora estimada. Nos mudamos de noche, cuando hay menos tráfico de haces de luces.

Somos felices en el siglo XXX. No comemos, no cagamos, no sufrimos por no estar junto a alguien, no salimos de casa, nos operan lo que no nos gusta, somos bellos, no trabajamos, nos tragamos toda la mierda de internet, estamos interconectados (aunque lo que le pase al vecino no nos importa) y salimos de casa directamente al lugar donde queremos ir a través de las líneas de metro que son campos magnéticos donde la energía te eleva del suelo y te transporta de un lado a otro a través de haces de ondas que tienen un recorrido específico. Si. Somos felices. Nadie se nos acerca, somos muy felices. Sólo deseamos tener acceso a esa droga que te da la vida eterna pero no queremos pagar el precio que tiene: que graben tu voz y la reproduzcan para que así quede registrada tu lengua, tu manera de vivir, tu vida. Lo queremos todo pero no queremos dar nada. El Estado de la Unión Económica Global nos mantiene. Si, somos muy felices.

Vivo sola en mi cubículo (de qué otra forma iba a ser) desde que abandoné a mi madre aunque siempre me sentí sola desde que nací. Una máquina me amamantó.

A veces me pongo una película proyectada en una pared y me siento en el cuadro de mandos donde (con mis cascos) simulo que me pierdo en el Amazonas, que me zambullo en el mar, que pisoteo ciudades o que me escapo a través de una escotilla hacia el espacio en medio de una gran sinfonía celestial. Lo único malo es que las películas no duran más de diez minutos porque el Estado no quiere que nos influencien y que terminemos por suicidarnos al ver que existieron mundos que ahora ya no están. Las que superan los diez minutos están prohibidas. A quien sorprendan con alguna de contrabando le arrancan con su cubículo y lo meten en zonas que están por debajo del nivel del metro, en zonas donde siempre es de noche, en zonas desde donde no sales jamás. A otros los exilian en alguna luna de Saturno. Es irónico: El Estado cuida que no te suicides pero si luego te saltas alguna ley te proveen de todos los medios para que lo hagas lo antes posible.

Es curioso. Las películas del siglo XX contaban una historia, las de hoy cuentan sensaciones. El mensaje de las películas de hoy es el mismo: que no olvides que eres humano. Es todo tan contradictorio. Te sientas, te enchufas y estás diez minutos sintiendo lo que siente el protagonista de la película o cualquiera de sus personajes pasando desde miedo al placer a una velocidad abismal. Sensaciones, muchas sensaciones para que no las olvides jamás. Y luego te desconectas y te asomas a la ventana: afuera los mismos haces y las mismas vidas que ves pasar a la velocidad de la luz sin que le importes a nadie. No sabría decir si estoy viva o muerta pero eso da igual.

Estoy desnuda con mi cuerpo perfecto apoyada en los cristales con mis huesos aguantando el peso de esta mezcla de carne y silicona que el tabaco consume poco a poco y sin esperanzas de llegar alguna vez a sentir placer.

Si tan solo pudiera conseguir una película de las de antes donde sucedía algo.

Hace un momento hablaba de las lunas de Saturno. Es paradójico pero todas ellas son consideradas cárceles de reinserción social para gente que jamás saldrá de ellas. Tengo un hermano en una de sus lunas. Un hermano menor de edad. Cuando era más pequeño siempre se metía en problemas. Le daba por pensar que podía hacer su vida fuera de cualquier sistema o norma y desde temprana edad comenzó a traficar películas que distribuía entre algunos privilegiados; incluso yo vi una vez una de ellas y tuve suerte de que no registraran mi IP. ¡Era maravillosa! No recuerdo el título pero era sobre un hombre que viajaba con un amigo a una tierra lejana y se transformaba en Rey.

A mi hermano, luego de que le detuvieron, lo llevaron a una sala acristalada instalada en el medio de la ciudad con cámaras que le enfocaban y le mostraban en todas las pantallas publicitarias donde todos podían verlo incluso a muchos años luz de distancia. Así le mantuvieron encerrado durante un tiempo, completamente desnudo y a la vista de todos como un delincuente. Cuando los robots policías se cansaron de aplicar aquel software de castigo le desintegraron para volverle a integrar en una de las lunas. Una vez por año le dejan comunicarse con quien quiera. Conmigo nunca ha contactado. Sé que está bien aunque me odia porque no pude hacer nada por él. Sólo me limitaba a verle a través de los cristales y llorar. Fue la última vez que salí a la calle por mis pies y la última que sentí algo llamado a tristeza.

Yo creo que él ahora es más libre de lo que soy yo. Sé que está con más delincuentes como él, aunque a veces creo que los delincuentes que trafican con la libertad lo son más que nosotros aquí. Aun tengo escondidas las películas que no pudieron requisarle, pero algún día pondré alguna aunque intercepten mi IP y me descubran. Sé que será el único modo de volver a verle aunque para ello tenga que ser expuesta en las pantallas de toda la ciudad como un trozo de carne en esa jaula de cristal.

¡Qué despacio pasan los segundos en la ciudad! Apenas dos horas escribiendo en la pantalla y me parece un siglo luz. Lo único que me queda es mi capacidad para dormir aunque para eso deba inyectarme somníferos. Poco a poco nos han quitado todo a cambio de tranquilidad y calidad de vida.

En el año 2020 nos prometieron tranquilidad y el fin del terrorismo. A los que aceptaron aquel nuevo orden de cosas les grabaron en la piel un código de barras que les permitía comprar y atesorar cosas a la vez que identificarse. El resto fue aniquilado económicamente. En los países que se negaron a entrar en la nueva Unión Económica Global se les dio la espalda y sus habitantes murieron de hambre. Ningún país les ayudó y poco a poco las economías pobres, en vez de ayudarse mutuamente, entraron en guerras internas por el poder y acabaron siendo gobernadas por dictadores y militares ignorantes que gastaban las riquezas del país en armas nucleares. Así la Unión cerró sus fronteras y se construyeron nuevos muros antiterrorismo y donde había amenaza de arma nuclear se enviaba una bomba de antimateria que arrasaba con todo. De ese modo asistimos impávidos a la destrucción de Corea del Norte, de Oriente Medio y Centro América. De 5 continentes que hubo en el planeta no quedaron más que cuatro o cinco islas protegidas e intercomunicadas. El resto fue mar contaminado de los que no estaban dentro. A nadie en la Unión le importó. Estábamos a salvo de la sociedad del terrorismo. Las grandes potencias prefirieron perder millones y millones de euro-dólares con tal de aniquilar a toda esa gente. Se crearon nuevas energías para jamás volver a depender del gas ruso ni del petróleo del Medio Oriente ni de Venezuela. De un día para otro se arrancaron de raíz el Islamismo, el Budismo, el Hinduismo y todas las religiones no Cristianas. Durante un par de siglos el Cristianismo se instaló en toda la Unión y quien no se declaraba mínimamente cristiano era exiliado a alguna luna perdida. Con el paso del tiempo esta Fe también se olvidó y fue reemplazado por el Hedonismo más acérrimo. Al Estado esto le dio igual. Sólo deseaban la unión económica. A fin de cuentas la religión de la gente fue sólo la excusa para levantar una nación contra otra.

La gente de aquella época debió haberla pasado muy mal al ver las noticias de toda esa destrucción, con todos esos muertos en Oriente Medio, la Meca ardiendo, el Tah Mahal en ruinas, la muralla China convertida en piedras para coleccionistas. Esos espectadores, dicen los historiadores de las naciones vencedoras, tenía sentimientos: eran capaces de sufrir ante la vista de un niño africano muriendo de hambre a punto de ser devorado por un buitre; si veían a un limosnero en las calles le daban dinero, si habían despidos masivos se apoyaban unos a otros y los sindicatos estaban con los trabajadores y no con la empresa, cosas así. Cosas de seres humanos.

A veces siento un gusanillo. A veces siento envidia de pensar en lo que pudo haber sido haber vivido en el año 2010 y ver el principio del fin. Ahora aunque quisiera no podría recuperar esas imágenes porque están vetadas. Lo único que me quedan son las películas que mi hermano distribuía clandestinamente y sé que si reproduzco sólo una más de diez minutos tendré en fracción de segundos a la policía robot interviniendo mi IP y viniendo por mí para exponerme desnuda como una delincuente. Si tomo una de esas películas y la pongo quizá sea al menos feliz durante diez minutos. En el minuto once comenzará mi exilio. La solución está en mis manos: un pequeño chip donde almaceno un millón de películas en formato tetra-dimensional donde el tiempo es la cuarta dimensión. Sólo necesito once minutos.

Olvido que todo esto está grabándose. Todo lo graban; un millón de ondas de video que atraviesan la ciudad nos vigilan cada vez que respiramos. No hace falta delinquir porque leen nuestros pensamientos a través de las gafas conectadas a Internet; lo saben todo y pueden adelantarse a mis intenciones.

Sé que pronto estarán aquí. Tirarán el cristal de acceso abajo y me sacarán arrastras hacia la columna que comunica a la habitación de sobreexposición. Todo el mundo me verá desnuda desde sus casas como en un gran reality donde se muestra a quienes se han equivocado. La televisión mundial está llena de delincuentes en la sala de espera hacia alguna luna perdida donde les dejen morir de inanición.

Lo saben todo…¿habéis oído eso?

End of recording…

3ª PARTE

E L      P A S A D O

Fotografía: Renata Julga

“En el principio creó Dios el cielo y la tierra.

La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo…”

– The Holy Bible –

 


Amén. Amén. Amén. Una y otra vez Amén. Como escuche un nuevo Amén de su boca extranjera me levanto y le pateo la cabeza. Llevo un rato escuchando la misma palabra, la misma cantinela. Estoy a punto de volverme loco.

Me arrastro dentro de la esfera oscura que me encierra y me acerco a su lado y le susurro que lo deje de una vez pero no me oye o no entiende mi idioma. Le he pedido ya muchas veces que deje de hacer ese ruidito al rezar pero más me inquieta que solloce. No llores más, le digo pero se mantiene acurrucado en su rincón. Intenté abrazarle para que se calmara pero me apartó. Es un hombre de Dios sin su consuelo. Si me concentro en su cabeza e intento ver su rostro a través de la maraña de pelo que tiene, a veces, creo ver una sonrisita desequilibrada.

Esto es una esfera carcelaria en algún sitio perdido de este planeta. No estoy seguro que estemos en la tierra; sé que nos trajeron aquí elevándonos de la superficie pero no sé dónde nos descargaron. De el hombre que está tirado junto a mi sólo sé que traficaba películas de siglos atrás hasta que lo atraparon, lo exhibieron desnudo online a todo el mundo y luego le trajeron aquí como a mí.

Aun recuerdo el día que lo metieron en la misma esfera conmigo. Venía ensangrentado completamente y estuvo días lamiéndose las heridas hasta despegar las costras y curarse. Cuando por fin pudo abrir los ojos vio que estaba acompañado de otro hombre desnudo, aunque supongo que por los olores que despide un cuerpo masculino sucio, pudo darse cuenta de eso antes. Me presenté, porque no soy violento, pero él me golpeó hasta dejarme casi inconciente. Cuando me recuperé estaba a mi lado cuidándome como si yo fuese el perro de un ciego. Y me dijo algo en un idioma que desconozco; supongo que sería la última actualización idiomática que pudo descargarse antes de que lo atraparan.

De él sé que tiene una hermana porque el robot carcelero me lo informó a través de esas ondas sonoras que atraviesan todo. Supongo que el mismo mensaje lo escucharon todas las esferas. A ella la traerán pronto, si sobrevive al viaje, y la abandonarán en otra esfera sin alimento hasta que muera de inanición. Él llora, no de tristeza, no de dolor, su llanto es de desilusión.

Nos alimentan a través de unos gases que atraviesan la membrana de la esfera carcelaria. Los gases de la vida. Dos veces al día los liberan para que los aspiremos pero yo abro la boca todo lo que puedo e incluso lamo las paredes para sentir que las pupilas gustatorias aun me funcionan. Él se queda inmóvil, no entiende que gracias a los gases es que se mantiene vivo. Fuera de las esferas no existe atmósfera ni menos oxígeno. Sólo sé que cada celda está conectada a tuberías de riego intercomunicadas a la celda vigilante de donde viene el alimento y el castigo en forma de descargas que nos dejan rígidos de dolor. Estamos vivos porque saben que sabemos algo y esperan a que abramos la boca para grabarnos.

Si pego la cabeza con fuerza a la membrana de la esfera puedo ver al exterior. Hay más celdas como la nuestra. El sitio está poblado de ellas y, cuando hayamos soltado todo, cortarán el suministro de gas y moriremos de hambre bajo un hermoso cielo coronado de estrellas rojas como la sangre.

Él no ha querido decirme su nombre, o quizá lo dijo en su idioma, pero no le entendí bien. Creo que dijo algo como In Cha‘a Allah.

Le estoy mirando fijamente a los ojos. Tiene mucho miedo de verse desnudo frente a otro hombre igual de pestilente como él. Piensa que puedo hacerle daño pero yo sería incapaz de algo así porque no soy un delincuente ni un asesino.

Yo fui dueño del mundo.

El futuro de la humanidad les pertenece ahora que me han borrado del mapa. El futuro pertenece a los fármacos no ya que sanen al ser humano, sino a aquellos que le hagan eterno como los que yo diseñé. Soy el creador de vita-totta, el fármaco que alarga la vida de los seres humanos y mi error fue intentar distribuirlos de manera gratuita a través de la red. Ellos lo descubrieron y me detuvieron. Pasé el mismo calvario que este pobre infeliz y, desafortunadamente, sé porqué me mantienen vivo: quieren que mueva los labios y acepte lo que ellos llaman culpa.

Ahora ellos usan a los más viejos para que la Humanidad deje rastro en la tierra grabando sus voces y sus historias y con esa información escribir lo que pasó con el ser humano. Lo hacen porque se sienten culpables y quieren lavar sus culpas a través de las  palabras de los ancianos (los más expertos ancianos, los que jamás olvidaron hablar moviendo la boca)

La Historia ya no la escriben los vencedores, ni los cobardes como en el siglo XXI. Ahora la escriben los ancianos a los que controlan a través de la poderosa industria farmacéutica. El gobierno decide qué remedios crear, qué remedios vender y a quien suministrarlos a través de la industria farmacéutica. Así ha sido desde el principio de los tiempos y así continuará siendo. El Gobierno y la Industria farmacéutica nos tienen en sus manos.

Yo viví en carne propia que la ciencia te ignore por sufrir una enfermedad rara y que nadie invierta en el desarrollo de la cura. A pesar del Síndrome de Cotard tuve la voluntad suficiente de investigar la cura a mi propio mal aunque por dentro me sintiera muerto. Este síndrome comienza como comienza una profunda depresión; te quieres morir porque ya no te sientes vivo, tu cuerpo huele a putrefacción y niegas tu existencia por muy vivo que los demás te quieran hacer sentir. Y sólo te quieres morir pero no puedes porque sientes que la enfermedad te hace eterno e inmune a la muerte. Por siempre putrefacto aunque lo mío era algo más profundo, más impregnado en mi piel, una pena eterna que ni siquiera todo el mar muerto podría haber curado.

Después de años de investigaciones en el laboratorio para el cual trabajaba encontré la cura a mi mal pero sólo curaba a un pequeño porcentaje de enfermos y yo no estaba dentro de él. Por tal seguí experimentando en mí sin tener resultados positivos hasta que me rendí. Hice una última prueba con cobayas y en algunos enfermos los cuales mostraron importantes mejorías. Adivinaba que mis años serían pocos y decidí hacer algo por la humanidad distribuyendo la cura gratuitamente así como la cura prototipo del fármaco que aseguraba la vida eterna, pero no conté con que los altruistas son inmediatamente despedazados.

En este mundo no hay lugar para idealismos ni hombre más poderoso que todo el oro del mundo para transformarse en bandera de batalla. No lo hay.

Le délire de négation.

A los  medicamentos de las enfermedades raras, como la mía, se les denomina medicamentos huérfanos, del mismo modo como se sienten los afectados por ellas. En palabras del presidente del principal laboratorio mundial: “Los remedios son para venderlos” y ése es su axioma. Ellos jamás invertirán en desarrollar algo que genere pérdidas. Cien mil afectados de alguna enfermedad no son ganancia ni beneficio alguno. Son realmente víctimas de médicos,  tratamientos y protocolos equivocados porque de ese modo los laboratorios jamás resultarán culpables de nada. Cuando un enfermo de alguna enfermedad rara muere sin tener esperanza de cura se celebra un lastimoso acto de condolencias a la familia para dejar patente lo valioso que fue el esfuerzo por vivir del afectado. Sólo eso y una demanda por negligencia que no llegará a ninguna parte. Lo sé porque era médico y me movía entre esas serpientes de los laboratorios. Fui médico hasta el día que me detuvieron en plena calle cuando llevaba muestras de la cura a una asociación de enfermos del síndrome éste. De más está decir que la vacuna jamás llegó a ninguna parte.

Desconozco qué quieren de mí. La vacuna para el síndrome que sufro la tienen en su poder y pueden eliminarla o reproducirla para curar a ese pequeña muestra de afectados y quedar como héroes ante los medios pero no lo están haciendo. Estoy seguro que tienen otros planes para mí.

El hombre éste ha dejado de llorar y me mira desolado. Hace un rato estuvo intentando ver a través de la membrana de la esfera pero vio lo mismo que yo: campos y campos de esferas de reclusión con delincuentes y gente inocente. La reclusión nos iguala a todos como hermanos.

Le veo acercarse. Quizá tenga hambre. Se acerca a mi rostro y me lame la cara con desesperación como si yo fuese su cena. Me ha dado un pequeño mordisco y le he apartado pero en segundos estaba nuevamente sobre mí dándome un bocado en el rostro. No sé cómo a alguien le puede gustar comer carne humana putrefacta, quizá sea que los gases que nos alimentan no le sacian. La esfera se abre y entran los robot centinelas y le arrancan ambas manos de un tirón dejándole tirado a mi lado. Sus gritos son tan desgarradores que me acostumbro a ellos. Me acostumbro porque me recuerdan que somos humanos y el dolor es característico de los humanos. Tengo el rostro con un trozo de piel colgando y la sangre mana con libertad con su sabor a sal que irrita mi garganta. Sin el dolor no somos nada.

Si le doy un mordisco allí en los muñones sanguinolentos que le han dejado quizá vuelva a sentir que soy un hombre. Él me mira desconfiado; se ha aplastado los muñones en el vientre como si con eso fuesen a brotarle nuevas manos. Sus ojos ya no lloran. Creo que ya ha olvidado el dolor y yo he olvidado que quería morir.

¿Qué estará haciendo la Humanidad allá afuera mientras yo estoy encerrado en esta esfera con un caníbal? ¿Se sentirá desrealizada? ¿Cómo es el mundo de afuera ahora que ya no estoy realmente allí?

El hombre aquel se acerca nuevamente a mí pero un intenso pitido le hace retorcerse y golpearse la cabeza cómo si le estuviesen taladrando. Recuerdo ese dolor. Me lo aplicaron también a mí al llegar. Son actualizaciones idiomáticas inyectadas en el cerebro por medio de alguna onda de baja frecuencia. Conmigo probaron cientos de ellos hasta que entre gritos les dije que pararan. Y lo hicieron, pero no porque les haya provocado compasión. Las máquinas y los robots no tienen sentimientos. Ellos se detuvieron porque reconocieron el lenguaje que les hablaba.

El hombre está tirado frente a mí. Me acerco e intento que me hable porque sé que con él han sido más rápidos que conmigo al aplicarle la última actualización. Habrán comprendido que dos especies humanas atrapadas en coordenadas similares deberían tener el mismo lenguaje ¡La programación de los robots tampoco es tan brillante! Yo creo que se trata de prototipos específicos para cárceles dónde es más importante aplicar la fuerza y el sufrimiento hasta reventar a la muestra.

Hablo. Hace mucho tiempo que no usaba la boca. Hablo aunque sepa que están preparados para registrar los códigos de comunicación que voy a aplicar. El hombre aquel no es más que un muchacho y me pregunto el porqué de torturarle si los carceleros sabían el motivo de su detención. Asumo que es porque desean una confesión para registrar y eliminarlo. Pronto morirá desangrado.

¿Y de mí qué quieren?

De mí lo saben todo. Creé vita-totta que ya están administrando a los ancianos y saben que encontré la cura para mi propio mal que intenté regalar a los afectados ¿Para qué me quieren ahora? ¿Si soy culpable porqué no me han eliminado? ¿Creen que puedo serles de utilidad?

El chico aquel ha dejado de moverse. Creo que ya no sangra más y los robots se han quedado sin confesión. Uno de ellos entra en la esfera y lo zarandea como un muñeco roto. Finalmente lo coge de una pierna y lo arrastra fuera como a un monigote. Es la primera vez que veo un asomo sentimental de un robot. He comenzado a reírme del centinela como un desequilibrado y éste se ha dado la vuelta para observarme unos minutos. Sé que está intentando entender mi conducta y descifrar los sonidos que escapan de mi boca pero no los entiende. Una pequeña luz azul se enciende en su caja torácica con un sonido apenas audible pero muy agudo que me revienta los oídos en fracción de segundos. Estoy sordo.

Esto no puede ser real ¿Qué es este mundo de dolor sin audición? ¿Cómo sabré ahora lo que quieren de mí?

Seres humanos obligados a vivir eternamente registrando sus movimientos y voces, dejando morir a los débiles ante la indiferente mirada de los fuertes que ven su vida extinguirse gota a gota más preocupados de ser bellos e inútiles. Desde luego me pueden acusar de paranoico y de sufrir alucinaciones al contar lo que ven mis ojos pero creo sinceramente, y desde lo más hondo de lo que me queda de corazón, que el ser humano que describo no se aleja en absoluto de la realidad proyectada en cualquier pantalla del mundo.

Revisa tu pantalla, revisa tu correo, revisa tu perfil aquel del que no puedes prescindir. Te observan, te quieren ver sano para no tener que eliminarte. Eres una muestra estadística de un estudio de salud global. La población mundial se descontrola y muchos sufrirán enfermedades raras que nadie tendrá intención de curar jamás ¿Quién controlará nuestro crecimiento demográfico?

Si pudiera oír podría confirmar, antes de morir, de que mis palabras llegaron a alguien que las escuchó y no fueron borradas de esta grabación carcelaria.

Uno de los síntomas de la enfermedad que sufro es la paranoia, pero yo lo viví porque tengo un trozo de carne menos en el rostro ¿Alguien me cree ahora?

… End of reality …

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