JHONNY GUITARR

Fotografía: “Guitarrista en el Ponte Vecchio, Florencia” (Fran Barrera)

We’re like crystal, we break easy… I’m applauded, then forgotten…

“Crystal” – New Order –



07:00 PM. Sala de espera de vuelos del Aeropuerto de Ataturk, Estambul.

Escribo en mi libreta de notas todos los días, pero hoy especialmente he comenzado a apuntar las acciones (buenas y mala) que cometo. En este preciso instante estoy apuntando que espero un vuelo de regreso a España para salir de aquí lo antes posible. Levanto la vista y ahí están ellos esperando a que me levante del asiento y la líe como acordamos el día anterior. Frente a mí hay un Mc Donald lleno de gente bebiendo en vasos de plástico con pajitas multicolores; gente de todas las nacionalidades y colores posibles. Un murmullo ininteligible me rodea con su eco de acentos. Bajo la vista y me meto la mano al bolsillo, saco el papel que ellos me dieron con lo que tengo que decir cuando llegue el momento. Lo leo una y otra vez hasta memorizarlo como un niño memoriza un poema para declamar por primera vez en el colegio. Esto es deprimente; sentado aquí sin que nadie me haya ofrecido ni siquiera un café para despertarme. Me hurgo una muela que tengo picada y escupo sangre al suelo. Ya lo tengo todo en la cabeza; con café o sin café la voy a montar marimorena.

Apenas son las 07:15 AM.

Entrecierro la mirada. Creo ver a la distancia, entre todo el tumulto de zombis que esperan un vuelo, aquella señal acordada: ha llegado el momento. Me pongo de pie violentamente y repito a voz en cuello para que todos se enteren quién es el jodido jefe del cotarro moruno:

“Chat ap materfakers!! Dis is a faking kidnapped!!! Am gona kill eny of yu if yu dont bringg me to the faking Singer Tarkan rait nau!, I lov yu Tarkan !!!!”

Me apunto a la cabeza con la pistola en señal de que me voy a volar la cacerola si nadie accede a mi petición, pero la gente me ve dudar y se ríe. Ya no tengo ganas de suicidarme (puedo vivir sin conocer al tal Tarkan) y un sentimiento de impotencia me invade. Cada día actúo mejor. Cojo la pistola y disparo a lo que primero tengo a mi alcance para que crean de una puta vez que voy en serio. Una chica morena del Mc Donald cae sobre el mostrador manchando de sangre las patatas con ketchup de unos niños escandinavos vestidos de scout. No creo haberle dado, pero ahí está, tirada como un saco de patatas sobre el mostrador y me pregunto cómo es eso posible ¿Existen las balas de goma que reboten en las paredes? La gente se pone de pie enfurecida y, todos en tropel, se abalanzan sobre mí sin importarles que tenga una pistola en la mano. Si mirase esto desde el cielo (muerto como voy a estar en fracción de segundos) me vería como un trozo de madera invadido y devorado por termitas en cámara rápida.

¡¡¡Corten!!!, grita alguien que está a mis espaldas.

Logro zafarme a patadas de todos los figurantes marroquíes que tengo encima hasta tener de frente al director de la película que me echa una peta violenta sobre cómo debo dispararle a la actriz morena en el pecho(grandes tetas, poco talento) y no al aire desordenadamente como si quisiera cargarme a una mosca de veinte kilos. Es la décima vez que hacemos la toma pero no hay modo que salga bien. Estoy molido; esto ni es normal ni está pagado.

Diez minutos para el descanso.

Los de atrezo le echan una mano de pintura en spray al mostrador del falso Mc Donald del falso Aeropuerto de Ataturk mientras la actriz morena que muere por mi disparo grita a los cuatro vientos que cómo es posible que no haya ningún hijo de puta útil que vaya a ponerle un ticket a su puto coche último modelo. “Esta está acostumbrada a que todo el mundo le coma la concha y le haga la pelota”, pienso, “esta es seguro la nueva estrella”. Le echo un vistazo al guión y dice que ella es una policía de encubierto (con chaleco antibalas) que luego revive y me coge por la espalda cuando intento huir por las escaleras mecánicas del aeropuerto, pero yo me escapo. La siguiente escena es en exteriores, bajo la lluvia, con ella pisándome los talones (el guión es el colmo de la originalidad) Sólo me falta enterarme cómo es que mi personaje super-pringado, aunque no dará tiempo, porque desaparezco en esa próxima escena ¿Cómo hace mi personaje para huir de esa montaña de figurantes que le quiere partir la jeta?
La actriz morena, no recuerdo su nombre, es algo así como una actriz en alza (de esas que no conoce nadie pero que promete mucho por lo que le miman en exceso)

Del señor pringado, o sea de mí, no se acuerda ni Dios. Le doy un mordisco a un bocadillo porque estoy hambriento, tengo sueño y me duele la cabeza por los gritos que da la super actriz, super idiota y super tetona que tengo en frente. Ahora resulta que quiere hacer vida social conmigo. Me quedo mirándola con la boca llena de charcutería y no me da tiempo a esquivar sus preguntas ¿Porqué te has rapado?, pregunta. “Porque lo exige mi papel”, le digo. Ah…, responde, ¿Y de qué agencia vienes?, insiste. “De una que no me paga”, le digo. Fin de la conversación.

Vuelta al ruedo. “Esta vez mátame bien”, dice ella socarronamente para saber si así le caigo mejor. Si dependiera de mí le saltaría las siliconas de los labios. No entiendo a la gente que se hace la simpática con gente más desfavorecida (de hecho la estúpida esta sabe en efecto de qué agencia vengo y de que no me pagan o, si lo hacen, es con cuentagotas)

De ella sólo sé que también intenta abrirse un hueco en el mundo de la canción, incluso creo que se presentará a Eurovisión. Espero que sea así de modo que su carrera se vaya al garete lo antes posible por insoportable; la de ella y la de su novio, también actor, que tiene la mala costumbre de dirigirse a todos con un “hey, tu” como si fueras una hormiga. Ella quiere cantar y ser famosa; su novio (a todas luces) la usa como trampolín para algo. Espero que desde ese trampolín se precipiten al vacío artístico (si alguna vez existió) Ella quiere cantar, repito, y que todo el mundo le compre sus disquitos en el Corte Inglés y que jamás los compren en el top manta so pena de parecer fanáticos de mala calidad. La gente del mundillo artístico tiene unos pajaritos en la cabeza que me da una pena negra. Por mi parte jamás le voy a comprar un disco, es más, compraré todos los que pueda en el top manta para que así su discográfica quiebre y no vuelva a sacar otro jamás en la vida. Estoy seguro que con esto le haré un gran favor al país.

No me gusta escribir en mi bitácora si no ha habido acción, pero esta tía me ha estropeado tanto el día con su arrogancia que tengo que decir algo para desahogarme. Mañana seguro leeré esto y me reiré de las ridiculeces a las que le doy importancia. Cosas de ser un actor con poco trabajo que no responde a ningún perfil. Vaya, que guapo no soy y eso jode un montón. Tampoco como pollas, es una lástima, pero es que no las como ¡Qué le vamos a hacer! que si no ni me lo planteaba ¡Hay tanta gente tomando desvíos y atajos en la vida que yo me he quedado tirado casi en la línea de partida!

Hoy no pasó nada más interesante en el rodaje aparte del incidente con la estrella en alza con cara de estreñida. Así que hasta aquí escribo. Si nada pasa, nada se refleja.

¡Estoy tan harto del mundo occidental y de sus miserias de gente insatisfecha que lo tiene todo! Me gasto días enteros yendo de un lado a otro de Madrid, de rodaje en rodaje, oyendo las quejas de la gente en el metro como aletear de moscas en mis oídos, en el autobús, en los atascos de tráfico, en las noticias de la tele y en el supermercado de mi barrio lleno de marujas insoportables y sus hijos de mierda que solo abren la boca para pedir play-stations y motos donde montar a sus proyectos de novias-putillas de rosa. Estoy tan harto del mundo occidental y África está tan lejos de aquí.

Soy un mediocre. Me voy a la cama.

Llevo años memorizando diálogos que no exceden media página; todo lo demás es soportar caídas desde puentes, palizas, caídas desde caballos, arrojarse desde aviones. Soy un figurante de los de riesgo y debería darme con un canto en los dientes primero por tener trabajo y, segundo, porque es la primera vez que tengo un papel algo más notorio, no soy el protagonista, pero al menos soy notorio y tengo algún diálogo aunque nadie vaya a prestar mucha atención a lo que digo con todo el barullo del aeropuerto.

Los recuerdos de anoche se me vienen a la cabeza como si los viera en una gran pantalla proyectada en el cielo, incluso puedo sentir el mismo frío que sentí anoche mientras me ocurría. Estaba lloviendo en las calles y la humedad me calaba los huesos. Al otro lado de la esquina había un hombre, éste era turco, que me miraba de pies a cabeza. De un momento a otro se plantó delante de mí y comenzó a soltarme perlas en un español bastante deforme. “Hola, putita”, creí entender que dijo. Me cogió por el brazo y me hizo a un lado junto a una pescadería. Apenas tuve ocasión de defenderme. Por más que intentaba escaparme me tenía enganchado con sus manos negras. Todo el mundo nos miraba como si fuésemos un par de borrachos peleándose por una botella y un paquete de tabaco.

– Vamos a hacer negocios”, insistió.
– Vamos a hacer una mierda – le respondí completamente aterrado.

Abrió su boca con su dentadura casi perfecta y exhaló junto a mi boca su aliento a kebab.

– “¿Así que eres escritor de cosas malas de mi país? ¿Y luego vienes como un señor para manosear muchachos turcos en hamam? ¡Tú vas a aprender lección! ¡Vas a ser mi putita!”

Me clavó la punta de una porra en la sien para luego arrastrarla por mi pómulo izquierdo hasta bajarla a mi cuello. Comenzó a llover más intensamente y, extrañamente sudaba como un animal por culpa de un foco que tenía pegado al culo. La gente que pasaba por nuestro lado comenzó a dispersarse; algunos corrían salpicándonos con sus pisadas y una mujer chilló como chillaría una rata hambrienta. Por un momento se me pasó por la cabeza ponerme a gritar que era un “Tourist” pero eso equivaldría a la ridícula idea de decir que era un “American Citizen” en Bagdad, como hacen todos los estadounidenses cobardes.

– “Vas a necesitar puntos para parar hemorragia… Tu escribes mierda de Turquía en libros”

¡¡¡Corten!!! Por fin terminamos la puta escena bajo la lluvia de Madrid luego de repetirla mil veces.

Gracias a Dios esta es una figuración que me pidieron hacer de urgencia para una peli porno gay donde, el protagonista verdadero, está hospitalizado desde hace un par de días por sobredosis de anabolizantes y viagra chungo (taquicardia, me dijeron) Por eso quedaron algunos planos inconclusos donde hacía falta mostrarlo de espaldas (para eso estoy yo) siendo raptado por este turco que luego le violaba en plena calle (entiéndase como plena calle una callejuela estrecha falsa y prefabricada donde se simularía hasta la lluvia y donde “supuestamente” violaban al prota) Gracias a dios, la parte pornográfica ya la había dejado filmada el pelma éste antes de atiborrarse a pastillas. Los actores porno gay son como las palomas del parque (me da la impresión), como esas palomitas que la gente alimenta arrojándoles miguitas de “algo” que ellos se meten por el pico sin saber ni siquiera lo que se están tragando. Los actores porno gay se meten todo por el pico.

Ha sido el rodaje más pesadillezco que he tenido en toda mi vida; todo rarísimo, la gente rarísima, el equipo rarísimo, las tomas rarísimas. El director me ha preguntado a voces tres veces si me gustaba comer nabos porque les faltaba urgente un actor en otro rodaje en otra zona industrial de la ciudad y les daba un poco igual si estoy dotado o no. Total, era para algo llamado gang bang. Con esa palabra le he dicho que no porque fijo que pinta mal.

En un descanso uno de los fluffer me ha comentado que este tipo de curros lo pagan muy bien. Se ha sentado a mi lado y me ha explicado (sin yo pedírselo) qué es eso de un “fluffer” (me ha dicho que es un tío que mantiene “a los activos empinados”) No he entendido un carajo pero tengo mucha imaginación. Me las piro apenas pueda. Me pone violento estar rodeado de tanta mariquita anoréxica deseosa de fama hablando de nabos todo el día y de tanta musculoca empastillada y sudorosa con ganas de calzarse unas plataformas para subirse a bailar a alguna tarima de Pachá. Yo no pinto nada aquí; espero mis pelas y adiós a toda esta violencia visual, deseo de fama a costa de todo y expliciteces gratuitas.
Cobré después de cinco horas de rodaje, con mis cien euros en el bolsillo, salí por patas a morir de frío en mi cama. Anoche hubo suerte, al menos me pagaron, no como los ladrones de la agencia Primer Plano que le deben pasta a medio Madrid (eso cuando existían)

En la salida me ha parado en seco el tío que hace de turco violador para invitarme unas pirulas pero le he dicho que no. Afortunadamente no soy el hombre de sus sueños. A veces pasa esto. Él me ha dicho que el director me está buscando porque le he gustado para otro rodaje y necesitan a alguien nuevo que parezca amateur para crear un personaje para una nueva producción. Le he dado la espalda porque el tema ni siquiera me interesa ¿Crear un nuevo personaje en el porno gay? ¿Qué clase de personaje? ¿Uno con una polla parlante? El guionista de este tipo de películas no se rompe mucho el culo ideando historias; debe trabajar menos que la mandíbula de arriba.

Cierta vez, en un rodaje por el barrio de Lavapiés, uno de los protas me invitó unos vinos a un bar de afros y casi nos metemos en problemas en un tugurio lleno de negros del Senegal que nos querían partir la jeta por mirar a unas pivas. Entre ese tumulto creo haber visto a uno de los negros que anoche estaba en plató en pelotas listo para tirarse a un par de gemelos rubios para una peli que me han contado que sale a distribución por Internet. Este negocio (me da el latido) es rapidísimo; rápido subes, rápido bajas envuelto en llamas. Este ambiente me pone enfermo.

Anoche me vine a casa con la esperanza de morir de pulmonía. No sé porqué siento tanto frío en los rodajes últimamente; fijo que me pillo una tuberculosis, una neumonía o lo que quiera Dios. Ya me da igual.

Mañana por la mañana vendrá la escena ésa del aeropuerto de nuevo, donde la gente del rodaje es algo más normal que la que estaba en el equipo de la porno, pero más hija de puta. El equipo de producción habrá improvisado, en un galpón abandonado, el escenario nuevo con los exteriores del aeropuerto donde la actriz morena me persigue y me da caza. Estoy loco por que llegue el fin de semana para descansar de los rodajes y de los tiempos muertos. Si al menos pudiera realmente dormir un día entero; pero no, siempre puede haber algún casting al que asistir para asegurarme las pelas (si me cogen) y pagar el alquiler o bien, asistir de público a algún programa de mierda de esos animados por un maricón con ínfulas de periodista de investigación.

Día siguiente. Ya es de día y comenzamos con cambio de planes. No hay escena de galpón ni hostias. El director y el guionista de este desastre han decidido que hay que acelerar porque nos quedamos sin presupuesto.

Llueve torrencialmente en Madrid, llueve como nunca, llueve con una fuerza brutal.

Escribo en mi libreta lo que veo guardándome de que la lluvia no moje la tinta sobre el papel pero es casi inevitable. Lo voy a dejar para cuando llegue a casa al salir de este rodaje.

En la nueva localización (el puente que une Legazpi y Usera) corre un viento frío que me congela los huevos y moja a todo el equipo de producción, a los curiosos y a los transeúntes que pasan de nuestro culo. Mojados todos por igual, escribiré en casa al llegar por la noche. Me pregunto cómo vamos a filmar algo con la que nos está cayendo (siempre fui de preguntarme estupideces) Estoy seguro que al desequilibrado del director le han apretado los huevos para acabar rápido así que hoy vamos a currar a toda pastilla bajo la lluvia.

Lo primero que me encuentro al acercarme a la encharcada roulotte, aparcada en la esquina, es a la actriz morena de la peli de ayer (ya sabía yo que me tocaría de nuevo verla) Ella se asoma desde el interior de la roulotte enfundada en una bata blanca de diva. Detrás de ella hay una maquilladora rogándole que se quede quieta para pintarrajearla.

Me han largado las páginas de lo que vamos a rodar hoy e intento entender la escena, pero no logro conseguirlo. No puedo concentrarme con el ruido de la lluvia. Me fumo un cigarrillo agazapado en una farmacia que está en la esquina. Sospecho que voy a tener que improvisar para tapar los fallos que comete el guionista (he visto ya muchos, por montones, casi tantos que se pueden patear)
Los de maquillaje me han puesto como si fuese diez años más viejo y los de vestuario me han dejado un traje gris con corbata negra. El director me ha pedido que cruce corriendo el puente en medio de la lluvia torrencial. La morena debería perseguirme, pero a ella la van a filmar más tarde cuando deje de llover. Yo deberé correr bajo la lluvia como si estuviese escapando por el aeropuerto de Ataturk imaginando que me persigue alguien con una pistola y, unos cincuenta metros más adelante, simular que un disparo me alcanza y caigo al suelo herido de muerte ¡El cine es imaginación pura! Luego con la música incidental y los primeros planos podrán disfrazarse los errores del guión y la mala interpretación de la actriz principal. De este modo la gente verá, sentada frente a la TV o a una pantalla de cine, una mierda pinchada en un palo.

Todo es mentira.

La lluvia traspasa el traje y me golpea muy fuerte. Pienso en lo que deberían pagarme por esto, pero recuerdo que tendré que conformarme con un recibo firmado por la agente que me llamó para salir en aquellas escenas sueltas. No sé nada de nada, nadie me informa ni sé adónde va la historia, pero luego el director tendrá derecho a decirme a la cara con toda desfachatez que no “cojo el personaje”. Yo ya paso, solo me dedico a actuar haciendo las cosas que me dicen. Si el director no lo tiene claro, yo tampoco. Así de simple es la vida en el celuloide.

Descanso de media hora y aun no hemos filmado nada.

Me voy a la cafetería de la esquina junto al puente. Alguien me llama al móvil y respondo con mi típica voz como si hablara desde el fondo de una tinaja. Me siento algo deprimido, pero el entusiasmo de mi interlocutor me tambalea.

– ¡Eres mi Jhonny Guitarr! – me dice la voz de un hombre.

La voz me explica que me conoció en el rodaje de una peli porno gay y que doy el perfil del personaje que está buscando para una nueva producción: un tío con cara de nada, con un cuerpo normalito y menos expresivo que la tapa de un retrete.

– Gracias – respondo.
– Mira – me dice alguien la voz que, ahora, tiene la decencia de identificarse como el director de la película ésa – te quiero en mi nueva película para hacer del villano Jhonny Guitarr; un desalmado que busca venganza por la muerte de su novio (atracador de bancos)
– ¿Es una porno? – pregunto con un cigarrillo en los labios que acabo de encender.
– No – me responden – este es un proyecto alejado del porno; de hecho es algo así como una historia futurista en plan Barbarella pero con protagonista masculino. Haremos evolucionar a este personaje desde un don nadie bueno para nada a alguien completamente provocador e insultantemente atractivo. Tenemos la inversión suficiente para filmar esta gran historia y algo me dice que eres el indicado para este papel ¿Te entrevistarías conmigo hoy para hablarte del proyecto?

Le corto sin apenas haberme enterado de más. Alcancé a escuchar una cifra con algunos ceros y no sé qué de compartir cartel con otros actores de renombre (todos cutres) y la posibilidad futura de una serie. Si soy tan bueno con mi cara de “nada” y mi cuerpo “normalito” entonces me llamará de nuevo.
Vuelvo al rodaje fumando otro cigarrillo. Nadie me vuelve a llamar al móvil. En este momento un director de cine porno gay (que quiere redimirse) debe estar hablando con otro pringadete para ofrecerle lo mismo que a mí y, antes que cante un gallo, le estarán dando la noticia de que en realidad se trata del mismo rollo porno. Un pena que la gente vaya de ese palo por la vida.

“Buscando pringados – el casting”

Camino hacia el puente. No ha parado de llover. La roulotte de la actriz principal está a un costado de una farmacia donde los curiosos la rodean y dan el coñazo. En la escena que vamos a filmar (me han explicado) ella me persigue a lo largo del puente y yo me doy la vuelta para dispararle con tan mala suerte que una de mis balas le roza la frente, pero ella se salva y me dispara. Yo caigo al suelo muerto. Luego me podré ir a casa, pero sospecho que nos tomará horas filmar esta tontería de escena gracias a que la actriz no le ha dado tiempo de meterse en papel y aprenderse sus líneas (que son solo gritos) y, por su culpa, fijo que echamos más horas que un reloj. La maquilladora le persigue dentro de la roulotte intentando hacerle la cicatriz que debe salir en escena. La estrella-actriz-siliconada-minusválida-mental-cantante-semiglamorosa es un coñazo de mujer y todos lo saben, pero la soportan porque está de moda. El mundo del cine es tan hipócrita; son capaces de chupar pollas por meses y a destajo con tal de conseguir a tal o cual actor/actriz para, desde un primer momento, falsear sus vidas enteras ante los periodistas rosas (porque eso da beneficio económico) dándoles igual si son buenos o malos actuando después. La cosa es comerse tu imagen.

Ha dejado de llover. Por increíble que parezca la toma ha salido muy rápido y me puedo ir a casa antes, mucho antes de lo previsto.

Camino con mi resguardo (por el pago de mi intervención) en el bolsillo lentamente hacia casa. Mi móvil está vibrando y lo cojo.

– ¡Eres mi Jhonny Guitarr! – me dice la voz de un hombre, nuevamente.

Por lo visto se ha confundido y me ha vuelto a llamar a mí. Sin dejarme hablar me suelta que quiere mi e-mail para mandarme el guión de la película para que lo lea y confirme que no se trata de una película porno de esas. Como estoy contento se lo dejo. Ya lo leeré cuando llegue a casa.
Hoy estoy contento. He acabado pronto el rodaje y tengo la esperanza que pronto me paguen. Le he dado mi correo electrónico a un desconocido y, presuntamente, me van a liar en un rollo de película futurista española que huele a pornografía que te cagas.

Abro la puerta de casa y me siento en el sofá para escribir una idea para un guión que acabo de idear durante el paseo desde Legazpi a casa. Se llamará “Jhonny Guitarr” e irá sobre un hombre (fanático del cantante turco Tarkan) que secuestra un aeropuerto y muere a manos de una mujer policía (de preferencia morena) un día lluvioso.

En la facultad estaba convencido que para sentarme a escribir bastaba un cigarrillo, una cerveza, un disco de la Velvet Underground y una buena idea. Ahora, diez años después, entre rejas, reafirmo que aun es así, aunque ahora prefiero cambiar la música por un poco de libertad para salir a vivir lo que escribo. Pero no puedo.

“07:00 PM. Sala de espera de vuelos del Aeropuerto de Ataturk, Estambul.

Escribo en mi libreta de notas todos los días, pero hoy especialmente he comenzado a apuntar las acciones (buenas y mala) que cometo. En este preciso instante estoy apuntando que espero un vuelo de regreso a España para salir de aquí lo antes posible. Levanto la vista y ahí están ellos esperando a que me levante del asiento y la líe como acordamos el día anterior…”

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