LA CORRALA

corrala

Hoy he visto a mi padre salir del piso de la jipjopera; iba con la cara arañada como si le hubiesen lanzado un gato al rostro y limpiándose las manos con un paño de cocina de esos que usan las abuelas para agarrar las ollas calientes. Le vi a través de los hierros de la ventana; iba caminando a prisa hacia acá y se metió rápido dentro como si le vinieran siguiendo los pacos. Me cachó que lo sapié y me le fue encima a preguntarme qué había visto y que qué estaba haciendo. Le dije que no había visto niúna weá y que estaba haciendo avioncitos de papel para tirar por la corrala pa’ abajo. Cabro weón, andai’ puro weiando, dijo y me levantó en el aire de las chuletas pa tirarme encima de la cama dejándome encerrao. Cuando se fue me puse a gritar que no era justo, que yo sólo era un niño y que no era mi culpa si le veía weiando a las vecinas. Nadie me oyó.
Este es mi diario. ¿Pa qué voy a poner mi nombre si es mío no más?
Mi mamá tiene una colección de vinilos de Boney M y del Camilo Sesto -que son de puro cortarse las venas-. A mí me gusta Boney M, son unos negros de los años setenta que cantaban puras weas raras, pero con historia ¿Se han fijao que Rasputín de Boney M tiene dos comienzos? Empieza la canción con un ritmo como lento contando la historia y después se acelera y comienzan a contar la misma historia. Me sé sus canciones de memoria y si no me las invento. Rasputin cuenta la vida de un brujo ruso confabulador: las chicas del coro cantan que era un donjuán y el vocalista, que era un energúmeno, que se tiraba a la Zarina y todos le tenían julepe. Me encanta cuando acaba la canción y el negro dice Oh!, those russians… En Moscú guardan su pico en un museo ¡los rusos siempre han estado medio locos! Solo en Rusia alguien puede escribir “Crimen y castigo” y “Los hermanos Karamazov“. En otra canción de ellos, en “Ma baker“, cuentan la historia de una mujer delincuente que se escapa con sus hijos a delinquir por Chicago porque su marido no es lo suficientemente pendenciero y en la de “Los ríos de Babilonia” la historia no la sé ni la entiendo, pero me gusta.
En la corrala no hay niños; sólo hay una niña que está loca y se llama Muriel. A veces corre por el corredor gritando “¡Estoy loca, loca, locaaa!” hasta que se cansa y se cae al suelo a babear. A veces se orina encima y otras le lanza migas de pan al gato de la jipjopera (la vecina tartamuda y cahuinera de la corrala) pa que se acerque a jugar con ella, pero el bicho no es weón (sabe lo que le espera porque ya una vez lo lanzó escaleras abajo y ahora el pobre camina con el culo torcido). La madre de la niña loca trabaja todo el día y la deja en casa con la hermana mayor que se llama Joaquinita que es otra que bien baila; como tiene quince años está como tonta por salir de casa con el primero que pille porque está harta de cuidar a su hermana tarada. Joaquinita tampoco está bien del tejado y yo creo que se le escapan los patos por la línea del tren: un día llegó la madre y encontró a Muriel dopada en la cocina echa pelotas y cuando le preguntó a Joaquinita por su hermana dijo que se aburría todo el día cuidando a la energúmena ésa y, harta de sus gritos, le había metido un lexatin caduco en la leche (que le pasó la jipjopera) y se había salido a tomar el fresco con un chaval que había venido en un audi desde Carabanchel porque se habían conocido por internet, que era el amor de su vida y se fugaba para los restos porque le había regalado un reloj carísimo a cambio de un beso. Ese día a Joaquinita la castigaron sin internet ni putas hostias, como dice siempre la madre, pero al día siguiente la misma historia. Yo lo escuché todo porque ese día me tocaba entrar la ropa de la cuerda. “Eso tiene un nombre, Joaquinita”, le decía la madre, “eso tiene un nombre, y como tu hermana no despierte del colocón que le has metido voy y te interno vaya que te escapes con el primer circo que llegue a Madrid, así que chitón que ya me tienes harta”. A mí me da pena porque si yo tuviera un hermano, por muy tarado que estuviera, lo cuidaría. Claro, eso yo que soy weón a cagarse, pero todos somos distintos.
En la primera planta, casi en el subsuelo, vive una familia de filipinos, ocho en total, todos iguales, todos medio chinos con apellidos españoles y están todo el día lleva que te trae cajas de adentro pa fuera. Le oí decir a la jipjopera que eran una familia de descarados que estaban planeando echarle jeta a la vida e irse del piso, con camas y petacas, sin pagar porque llevaban cinco meses debiendo la comunidad y el dueño, de tan harto que estaba, iba a meterle venta para echarles de todos modos.
En la segunda planta viven los gayers – que es así como les llama mi padre que es más bruto que un arado – a la pareja de fletitos que viven desde hace unos meses juntos. Uno es latino y se llama Camilo o algo así y está todo el día en casa hablando por teléfono (ese piso en un trasiego de gente que yo creo que vienen a drogarse porque siempre salen despeinados y como sacudiéndose la ropa). El otro tiene un buen trabajo fuera de la ciudad y parece que es el que paga las cuentas porque está todo el día machucándose. Una noche, como a las nueve, llegó el mariquita trabajador antes de tiempo a casa y sorprendió al novio con otro. Salió fuera hecho una fiera gritando algo así como que le quería hasta la estupidez y; sin embargo, el novio gorrero le hacía sufrir de esa manera. Esa noche me dormí pensando en lo que podría significar querer a alguien hasta parecer un tonto que no te deje ver más allá de la jeta. El mundo de los adultos es muy complicado (esto debería borrarlo porque es más obvio que la chucha). A mí los maricones no me dan miedo; son buena gente, se les queda la patita atrás pero no wevean a nadie. A la gente que les dice que no pueden quererse les mandaría a su casa a culiar para ver si de ese modo logran ser felices.
En la tercera planta vive Rondanelli, un argentino que tiene más años que Matusalén (seguro llegó a América con Colón y luego se regresó a España). Rondanelli se ganó hace años la lotería pero poco a poco ha ido perdiendo todo y ya no le queda más que un BMW con alarma (que no usa jamás porque es negao pa conducir) y dos pisos en la corrala que subalquila a unos estudiantes de ingeniería que están todo el día de after. La diversión de Rondanelli es sentarse en el pasillo de la corrala en una silla de mimbre, con un mate en la mano y vestido con una bata desteñida, a reírse de los filipinos cada vez que los ve salir al trabajo. Yo creo que les tiene envidia (nos envidia a todos) porque tenemos una vida y él no. Rondanelli sólo sirve para tomar mate todo el día y tener siempre en la boca alguna lisonja preparada para decirle a alguna vecina o alguna promesa que jamás va a cumplir. Para él todos los vecinos somos unos bolitas patipelados que nos echaron de alguna república bananera. Se ríe de de todos y de nuestras costumbres porque nos ve a medio adaptar y él, tan vanidoso, está creído que es todo un ciudadano europeo porque sus abuelos eran italianos y vuelta la burra al trigo que él es mejor que todos porque tiene dinero, un apellido medio siútico y ancestros que avalan que es mejor persona y bla bla bla. Cada vez que le veo es como ver a Jabba the Hut hablando con un hueso de pollo en la boca, incluso es capaz de reírse del “pescao chico” que es el menor de los filipinos que trabaja limpiando coches en la ronda de atocha y él, que tiene tanto dinero, ya ni se acuerda cuando era metre en un restorán y vivía para gastárselo todo en la calle Montera con las pilinguis del Este (que él mismo llama así). Rondanelli es pura envidia, pero a veces tiene momentos de lucidez cuando le oyes decir entre dientes, con la bombilla del mate colgando del hocico que, cuando se le acabe el dinero y le toque comerse los mocos, nadie se acordará de él. A Rondanelli todos los negocios le salen mal, todos porque no empieza ninguno y, a pesar de eso, pierde dinero por un tubo porque es pelotudo y siempre invierte en lo mismo: puticlubs. Para mi Rondanelli no sirve ni para hacer un caldo, el muy gordo cabrón, es más fome y aburrío que acuario de almejas.
El día que mi mamá encuentre este diario donde escribo todas estas weaas me va a sacar la chucha y como es una hoyúa estoy seguro que me va a llevar de la oreja, de puerta en puerta, haciendo que le pida perdón a cada uno de los vecinos por escribir tanta mierda de ellos.
A veces creo que escribir es terapéutico, te sirve para seguir viviendo sin volverte tonto.
Mi papá está raro, más que de costumbre. Mi mamá le sigue la corriente porque le tiene miedo. Yo, en cambio, le digo lo que pienso de él cada vez que me deja hablar y siempre termino con un charchazo de yapa porque soy choro y porque a mí me trajeron a la fuerza a este país. Con lo bien que estaba yo con la abuela en Chile, pero no, a mis padres se les ocurrió emigrar y traerme a mí a la rastra con ellos. Ese viaje fue en mi vida como una sentencia de muerte. Papá no me infunde ninguna clase de respeto, es como si el miserable más grande del mundo te pidiera explicaciones. Por mi madre tampoco siento respeto alguno, pero a ella no le contesto porque es un caso perdido y no vale la pena discutir con gente que, cada cinco minutos, mete la pata y te pide perdón una y otra vez sin aprender na. Mi abuela siempre me decía que siguiera escribiendo porque era el único modo de salir de la mierda y, para tener ya doce años, tengo la cabeza amueblá (como dicen en España). Si puedo a fin de año vy a postular a becas a ver si con suerte me gano alguna y me voy a la punta del cerro o me internan en un colegio lo más lejos posible, en la Antártida, yo que sé.
En el colegio no me va mal aunque, si no fuera porque soy blanquito, ya me hubieran partido las piernas porque hay un grupo de subnormales hijos de su madre que persiguen a los que son negros quiruchos. A mí me han dejado en paz porque antes que me digan “oye tu, sudaca de mierda” yo ya les he metido un charchazo en to el hocico. A golpes es la única manera de tratar con esta gente mala clase. De todos modos a estos subnormales te los vuelves a encontrar en la vida y, casi siempre, les ha ido peor… pero no hay que quedarse con las ganas de arrancarles algún diente si hay ocasión.
El problema del colegio que no puedo solucionar es el de la “seño” de Ética, que es una enferma del chape. Hace unos días me soltó en plena clase si en Chile aún había “indios”. Me dejó frío. Todos comenzaron a reírse y, por primera vez, me di cuenta que todos me miraban. Respiré hondo. La miré a los ojos y le brillaban, como si me odiara por ser latino y estar ocupando una plaza en el colegio que podía servir para un niño español (de esos que sueñan con dar un braguetazo saliendo en Gran Hermano). Me llené de valor y con toda mi jeta que me llega al suelo le dije que “ya no quedaban indios en Chile; que estábamos todos en España y en Suecia”. Se hizo un silencio, se dio la vuelta, abrió la puerta y me indicó que me fuera pa mi casa y que no volviera hasta tener respeto y sentido del humor. Al otro día vino mi madre arrastrándose para que me readmitieran. Ella es tan poco orgullosa de su tierra y su gente que a veces me hace dudar de si soy hijo de ella.
Insisto que papá está rarísimo últimamente. Parece otro. Otro día hablaré de ello, cuando cache qué está pasando porque me tiene marcando ocupao hace días.
¡Qué tanta weá! Voy a hablar de él ahora que luego me arrepiento o me da julepe, con que guarde el diario bajo el colchón paso piola y no lo encuentra el weón este… Mi papá le saca la chucha a mi mamá, esa es la verdad, desde que ella comenzó a ganar más plata trabajando en el metro de Madrid que mi papá está insoportable. El error también fue de mi mamá que toda cocoroca le contó que su jefe le había pedido una cita porque la hallaba bonita. A mi mamá se le subió el ego y mi papá le metió un combo que la dejó con un ojo morao por tres días. Ese día no fui a la escuela.
Lo siguiente ya fue a peor porque mi papá se fue a buscar al jefe de mi madre y le rompió un brazo en plena estación de sol y salió arrancando. Estuvo fondíao como tres semanas y luego volvió a salir tan campante. Mi mamá lo perdonó (¿entienden ahora porque digo que ella es estúpida?) , pero luego ella se quedó sin trabajo y ahora pasa el día entero de Ett en Ett buscando otro trabajo pa por las mañanas pa poder cuidarme cuando llego del colegio. Al menos mi papá tiene trabajo, en un Burguer King, de encargado y siempre trae hamburguesas para todo el edificio menos para la jipjopera porque él dice que es una vieja culiá sapa (yo creo que le ha visto en malos pasos y tiene miedo que se le caiga el cassette)
Un mes después del incidente con el ex jefe de mi madre empezó la verdadera pesadilla. Desde ese día, cada medianoche, suena el teléfono de casa y voy corriendo a contestar para que no despierte nadie y oigo el sonido de su respiración. Es un respirar como de película de terror, incluso una vez creí oírle decir que iba a matar a mi mamá. La verdad es que no sé por qué no ponemos la denuncia; supongo que si lo hacemos nos van a caer encima porque el que le partió el brazo al hombre aquel fue mi padre. Estamos jodíos.
Una noche entró mi papá a casa con la cara ensangrentada y mi mamá se desmayó de la impresión. Me metí al baño con él temblando intentando entender qué estaba pasando y mi papá solo atinaba a decir que le habían atacado dos gitanos y que alguien les había pagado. Fijo que fue el hombre malo, le dije yo refiriéndome al ex jefe de mi mamá, y él se quedó mirándome a la cara como si yo fuera un retrasao mental, pero luego sonrió de una manera muy rara. Cuando mi mamá volvió en sí mi viejo ya tenía un parche en la cara y se estaba echando povidona en un corte y hielo en un moretón del ojo. Nos metimos a la cama los tres temblando a intentar dormir y mi mamá lloraba de impotencia. Cuando ya creía estar durmiéndome sonó el teléfono en el living y mi mamá saltó a responder; era lo mismo de siempre: el hombre malo respirando al otro lado de la línea. Mi papá no despertó, cosa rara en él, todo el rato estuvo de espaldas contra la pared. Alguien que tiene tanto dolor no se queda dormido tan tranquilo ni cagando. Mi mamá desconectó el teléfono y lo tiró por la ventana a la calle y se acabó el escándalo.
Pasaron unos días y yo me fijaba, después de volver de la escuela, que la jipjopera veía como sospechosamente a mi padre, pero no pasaba a más. Otra noche, que él volvió tarde borracho, entró a mi cuarto y me zarandeó por tener la luz encendida y luego me pegó sin razón alguna. ¡Ándate a la mierda!, le grité, pero él me dio un bofetón sonoro como las cachetadas de los payasos del circo y me saltó un diente de los de atrás. Ante los gritos de mi mamá salió de casa dando un portazo que se quedó con la puerta en la mano. Cuando me asomé a la corrala le estaba meando el tendío a la jipjopera, que estaba en el pasillo, con un teléfono en la mano llamando a los pacos pa que vinieran a llevárselo… pero los pacos pocas veces vienen a Lavapies. Después de mearle tres blusas, dos faldas y el chalequito del gato recién lavaos, mi padre se metió en casa dejándola hablar sola. Esa noche también ganó premio mi madre (le pegó tan fuerte que estuvo sollozando toda la noche en el váter). Desde esa noche les odio a los dos. Al otro día mi mamá como si nada hubiera pasado. ¡Puta mierda de vida!
No debería seguir escribiendo: no por miedo a lo que digan los que lean esto, sino por miedo a lo que soy capaz de escribir. Aquí puedo decir lo que me dé la gana: que mi mamá es una zorra (de las tontas) y mi papá es un zángano (de los listos) y si llegan a leerlo me da lo mismo porque ya me han pegado los dos de diferentes maneras. Lo malo va a ser cuando crezca porque estoy cagao: voy a tener que ser como ellos no más o si no van a pensar que no soy su hijo.
Ayer fue el acabose. Mi mamá, con una plata que le prestó la abuela, se había comprado un auto de segunda mano y lo usaba para llevarme al colegio y luego darse un recorrido por las agencias de empleo temporal… pues a la mierda el auto. Cuando íbamos bajando las escaleras para ir al colegio (mientras mi papá dormía a pierna suelta) vimos que el auto tenía las cuatro ruedas pinchadas ¡Cagazo! Volvimos y nos metimos en casa temblando. A partir de ese día el hombre malo comenzó a llamar al móvil de mi mamá y a mandarme mensajes al mío amenazándome con puras weas. Despertamos a mi papá y él salió disparao a poner la denuncia a la comisaría de Leganitos… jamás volvió. Vino por la noche cocío como zapato y se quedó dormido sobre la alfombra. Esa noche, extrañamente, nadie llamó por teléfono. Cuando mi mamá se fue a dormir yo le rebusqué los bolsillos a mi viejo ¡Tenía dos teléfonos móviles!… el resto de la historia ya se la imaginarán.
Al día siguiente le vi salir de casa de la jipjopera y me agarró de un ala pa encerrarme en mi cuarto. Por más que chillé nadie me escuchó. Mi mamá no había llegado aún y pa mi que iba a tardar porque la jipjopera le había contado que mi papá le había reventado las ruedas al auto pa meterle susto de que su ex jefe era el sicópata que la seguía molestando. Intenté tranquilizarme pero no podía porque mi papá andaba por la cocina rebuscando no sé que cosa. Me tiré al suelo y me puse a hacer tantos aviones de papel como pude pa entretenerme, llamé al móvil a mi mamá pero lo tenía apagado (pa que no viniera a casa y se encontrara el pastel del viejo culiao de mi padre que la estaba esperando pa charchetearla) y lo demás ya no me acuerdo mucho.
A mi me gustó siempre jugar con aviones de papel. Los tiraba por la corrala pa bajo y los veía volar. Siempre me imaginaba que podía subirme a ellos y volar lejos como vuelan los pájaros cuando no les gusta un sitio. Es raro porque me siento como cuando iba a los cines a ver un programa doble de películas con la abuela; siempre llegábamos tarde y veíamos la primera película desde la mitad, luego la siguiente y luego otra vez la primera donde lograba entender la trama viendo lo que me había perdido. Ahora lo entendía todo: Mi padre se metió al piso de la jipjopera a tirarle el gato por la ventana y a pegarle por sapa, pero esta se desmayó antes de la impresión al ver al gato caer desde el décimo piso (estaba convencida que vivía en un rascacielos porque la corrala era alta, pero no era más que un cuarto como el que vivíamos nosotros), luego mi padre salió corriendo de allí más asustao que monja con retraso y me encerró porque lo vi todo. Abajo, en la calle, el gato cayó encima del mariquita vago que iba en su moto a ponerle los cuernos al novio con otro gorrero de la misma calaña y le hizo estamparse contra el BMW de Rondanelli haciendo saltar la alarma del coche. No me pregunten cómo pero la moto dio una vuelta en el aire y cayó encima del gato dejándolo hecho una lámina peluda. Cuando llegó el maricón trabajador en su coche, antes de preocuparse por ver a su novio espatarrao sobre el coche de Rondanelli, se fue al gato a intentar despegarlo del piso con una tarjeta de crédito (porque el chico amaba los animales; lo de la tarjeta era porque venía de las rebajas). Los pacos tardaron poco en venir esta vez y, antes de ver qué pasaba con la alarma del coche, tuvieron que separar a Joaquinita de la madre que le estaba repartiendo hostias como panes por intentar fugarse con el del audi (que resulta que era hijo del embajador de un país sin derechos humanos… no sé… Texas o algo así) y que se iba a largar a vivir a casa de su suegro en Marbella porque el padre de su noviecito era heredero de su fortuna y pertenecía al club del rifle de Charlton Heston e iba a tener mayordomo y servicio como la Pantoja (pero ella les iba a pagar un sueldo digno de república democrática) y que si la dejaba irse con él la iba a dejar visitarla en verano una semana para que viera que estaba la mar de bien con el embajadorcito y que le iba a dar trabajo incluso a los filipinos del bajo porque ella iba a ser una dama de respeto porque para eso iba a tener cortijo y una manada de toros sin pulgas y… ¡Zas! ¡Que te calles gilipollas! ¡Que qué me estás contando imbécil que te has creído lo que te ha soltado un crío de chat que le ha sacado el coche al padre y ahora estará dándole un repaso como el que te voy a meter yo a ti subnormal de la vida que te crees todas las gilipolleces que te dicen!... Y los filipinos aprovechando el escándalo para largarse todos en fila india sin pagar piso ni putas hostias mientras Rondanelli lloraba sobre su coche abollao y la parejita de huecos se reconcilia; uno con un brazo roto mandando un sms a “alguien” de que “ya si eso quedamos otro día que me ha surgido un imprevisto…” mientras el otro intenta revivir al gato de culo torcido, y mi padre escapando entre la multitud a escondidas, mientras desde bajo la puerta de casa comienza a salir la primera gran humareda mientras mamá dobla la esquina y ve el humo que sale de lo alto de la corrala y se lía a gritar que dónde está su hijo, pero todos se miran sin inmutarse y se preguntan por la jipjopera que se está perdiendo todo el escándalo ése y los bomberos que no llegan hasta veinte minutos más tarde cuando ya es tarde y yo, viendo desde el cielo de Madrid, montado en el avión de papel que mejor me quedó, la escenita de toda la gente corriendo de un lado para otro sin saber por dónde empezar ni qué es más urgente…
Dicen que sólo se quemó mi dormitorio y que todos alcanzaron a arrancar. La jipjopera se enteró más tarde de todo cuando despertó y, toda despeinada, salió de casa siguiendo el olor del humo.
Bueno, y hasta aquí mi diario de niño. Si alguna vez vienen por Lavapies pueden visitarme en la corrala y hacer algún avioncito de papel para echarlo a volar entre las ropas de colores de los tenderetes. Si se quedan en silencio quizá me oigan reír (cosa que pocas veces hice en vida). Volar aviones era lo que más me gustaba hacer en la corrala.
Oh!, those russians… ¡Anda, coño, ahora sí que entiendo la letra de la puta canción!

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