NO HAY NADA QUE TEMER

Fotografía: Amsterdam, 2011, un día lluvioso en tranvía.

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Libros de Levíticos,

Corintios,

Deuteronomios

Nada que temer.

-o-

La barracuda rubia persigue a Dylan por Sevilla para invitarle a un café

Los energúmenos de Rolling Stone insistirán que oigas a Alejandro Sanz,

hasta que tu acento sea mayamero, demasiada ordinariez.

-o-

En el congreso se aburren – eso me han dicho – piden a gritos que la gente les patee el culo.

Talk is cheap

-o-

Esconde a tu hermano pequeño bajo la cama,

que tu madre esconda los vestidos y las joyas,

y que tu padre apague la TV,

cuando oigas el estallido de la bolsa,

No habrá nada que temer.

-o-

Monjas, vestidas de payasa, se arrepienten de secuestrar niños

¡Recibámoslas con un aplauso en la Noria!

Clap, clap, clap

-o-

En un nido de serpientes  juegan todos,

a lanzarse estrellas ninja en los huevos,

se matan de la risa entre aplausos

y luego esnifan y se abrazan como hermanos.

A veces graban esvásticas en los pupitres como críos,

otras sueltan por la boca: “Mire usté

-o-

Putas crías que graznan como cuervos

Putos críos que se estrellan en sus coches

Ellas se ríen de  los que opositan,

ellos sueñan con operarle las tetas a sus madres

y contar sus penas de rebelde en la TV.

-o-

“Mis delicias son los hijos de los hombres”

(Mire usté)

Ya no hay nada que temer.

-o-

Me llama la atención la sórdida paciencia que mostráis con las injusticias

a veces me parece que os recreáis en ella,

que sentís envidia del que sufre y os gustaría sentir lo que ellos:

que el mundo no os escuchara

y os desgañitarais gritando:

¡Dónde está Marta del Castillo, hijo de mil putas!

La injusticia nunca fue divertida por más morbo que agreguen en los medios

Periodistas, hormiguitas, deberían colgaros a todos de los pies.

-o-

Nunca me gustó el Electromagnetismo ni la gravedad

– Todo el mundo girando a tu alrededor como derviches –,

ni la teoría de Eigenvalores ni la Ley de Gauss

¿Todo para qué?

Quizá sólo seamos espejismos, hologramas, el rebote del sonido de un eco en la caverna,

que se estrella contra las rocas y crea existencias como distorsión,

quizá sólo seamos cacofonías reproducidas una y otra vez

Tac, tac, tac

Tres coordenadas, un volumen, un instante en un espacio,

y ya nos creemos que podemos cambiar el rumbo de nuestros tac, tac, tac

-o-

La cabeza blanca, muy cansado,

levanto la mano, Cristo viene,

ropas que proyectan una imagen Fulgurator

¡Al fuoco! ¡Bruciate tutti i sodomiti!

¿Yo poeta? ¡Los cojones!

Ya no hay nada que temer

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