¿REALIDAD O FICCIÓN?

Ciudadela, Islas Baleares. Verano del 2012

Fotografía: Renata Julga

“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud”

–          La Sagrada Biblia bla, bla, bla …. –

¿A que es  curiosa la manera de traducir “pene” como “creador”?

 

 

 

 

Un coche descapotable. Una chica y un chico de camino a la costa del sol a ciento veinte por hora. Intento escribir pero no me concentro porque quizá ya se me han secado las ideas y no sé de donde agarrarme.

Un coche descapotable, cigarrillos, Guarromán, Olivos, un reproductor de música comprimida, una botella de vino rosado semi cálida por el sol. ¡Auxilio! ¡más campos de olivos que no se acaban nunca!

– ¡Cuando lleguemos al chiringuito ni se te ocurra pedir aceitunas! ¡La madre que te parió, debimos venir en avión! – protestaría una chica rubia sentada en el asiento del copiloto.

Ella envuelta en un vestidito blanco corto estampado de flores y descalza, al cuello miles de colgantes y unas gafas oscuras para el sol andaluz. Levanta los brazos al viento de la autovía y se despereza coqueta. ¡Libre de Madrid!

El chico – vamos a suponer que es un chico moreno – es algo desgarbado, de barba de un huevo de días, un cigarrillo en la boca que no le deja respirar mientras conduce y la mirada vidriosa de algún peta.

– Me estoy meando, Britny, voy a parar.

Yo también voy a parar. Estoy en la biblioteca de Arganzuela en Madrid y tengo al frente a una chica que no para de gesticular con las manos y el rostro intentando memorizar no sé qué cosa del código penal español. Va en el tema 15 de ochocientos. Seguro está preparando una Oposición – el deporte favorito que se practica por aquí para sacarte los cuartos con la promesa de un trabajo como funcionario de por vida ¡De por vida! ¿Os lo podéis imaginar? ¡La vida entera tocándome los huevos!

Mis personajes van en un coche hacia el sur. He empezado mal; he supuesto que la chica es un bombón sexy que viaja a la sombra de su chico más preocupado en llegar y por eso ni siquiera se detiene a mear tranquilo. Odian las aceitunas. ¿Porqué no cambiar la idea y suponer que el bombón sexy es el chico y la chica la dura de este cuento? Quizá mejore.

Un coche descapotable, cigarrillos de liar, olivos, campos y campos de olivos sin fin, un reproductor de cedés con un disco metido dentro de verdiales de los montes ¡No, eso me pone de los nervios! Diremos mejor algo de A-ha (no sé que es peor) Suena “The blood that moves the body” y la rubia sube el volumen porque el coche es de ella y ahora el bomboncito es el chico. Él viste pantaloncitos cortos y rotos, piernas peludas, un par de colgantes que usan los chulos de playa que están de moda; se quita la camiseta provocadoramente y la lanza al asiento trasero (probablemente se haya ido al carajo) Pero un cambio es un cambio: una petaca de whisky de la que él bebe y deja escapar unas gotitas que le humedecen el pecho.

– ¡Cuando lleguemos al chiringuito te voy a comer esas tetillas que lo vas a flipar, chaval! – dice nuestra chica, que se ha soltado un poco más.

¿A que mola ser la chica que conduce?

– ¡Quieres mirar para adelante que nos vamos a estampar! – protesta el chico – ¡Y cuidao’ con la puta caja de cambios!

El chico por mucho que intentemos ponerle en el lugar de la chica sexy, será siempre un chico y las cajas de cambios son importantísimas para nosotros los tíos.

– ¡El puto coche es mío! – grita la chica dando una calada nerviosa a un cigarrillo – ¡Y si me da la gana haré un guiso con el puto embrague de los cojones!

Vale, vale, tampoco te pongas así, rubita. También es verdad lo que ella dice. ¿Me está quedando algo sexista la cosa, no?. ¡Es que es inevitable! Apenas he descrito cosas básicas y escribo lo que se me viene a la cabeza. No es fácil ¿eh? Venirse a una biblioteca y escribir, escribir, escribir sin corregir nada de nada (bueno, tampoco es tan cierto, algo he corregido)

¡Oh Dios! Suena ahora en mis cascos la canción equivocada: Never never gonna give you up de Barry White ¡Cómo pude descargarme esto! Lisa Stanfield… fue por ella. Esta canción no pega nada: una chica rubia conduce su coche descapotable entre un bosque de olivos hacia la playa, le acompaña su novio que actúa como si llevara un calentón que te mueres pero en la autovía no se puede parar para dejar que su chica le arranque el pantaloncillo aunque tenga que viajar el resto del camino en bolas ¡Un área de servicio por favor!

La chica que estaba frente a mí se ha largado a fumarse un cigarrillo, supongo. Oteo sus hojas: “Ejecución de sentencias” Le espera un futuro brillante como jueza o abogada o leguleya de esas. Ayer estaban de paro los jueces en Madrid y se supone que no deberían ¡Donde vamos a llegar!, diría mi abuela.

Necesito una cerveza aunque la garganta me está matando. Olvidé los cigarrillos en casa, me muero por uno de ellos.

Y yo me quejaba de Barry White… Ahora suena Britney Spear… “soy tu esclava, soy tu esclava”. Venga vamos a poner al chico a mover el culo todo lo que pueda antes que les pare la policía (también podemos prescindir de ellos, era sólo una idea, no os pongáis así)

– ¡Muévete, cacho guarroooo! – dice entre chillidos la rubia pellizcando un buen trozo de ese pastel.

La imagen no me termina de entrar. Yo creo que al chico no le gusta eso de sobarse provocadoramente el garrote en el coche mientras su chica conduce. Yo creo que desconfía de la destreza de ella al volante. Sigo viendo la historia algo sexista. ¿El sexo vende?

Para equiparar las cosas diremos, para dar un giro, que la chica lleva un piercing (pirsin) en la teta derecha que se saca por sobre el vestido e intenta alcanzar el pezón con la lengua… ¡Se acabó la canción!

La tía ésta de las Oposiciones ha regresado. No huele a tabacazo. Cosa que agradezco. Si supiera ella (y todos) las perrerías que se pueden escribir mientras otros preparan su futuro.

El chico se descalza. Huele el aire abriendo muy bien las fosas nasales y luego se huele el sobaco derecho. Ya casi no hay rastro de olivos y cree sentir el picor de la sal entre los dedos de los pies.

¡Wow! ¡Cómo me gusta Cracker! Mi canción favorita suena en el media player: “A million miles, a million miles; be with you, girl, like be low, hey hey hey! like be stone…”

– Cambia la música, tío – dice ella – me estás matando.

¿Me lo ha dicho a mí o a su chico?

El chico obedece protestando y pone otro disco sin saber que ella ha traído su propia selección. “Y que solo tu amor ilumine mi vida, Wooo, wooa, solamente tu amor, solamente tu cariño, wooo woooaa…”

– ¿Esta mierda qué es? – pregunta él ofendido.

– Chayanne, y cómo se te ocurra cambiarla paro y sigues a pie. ¡Coño, me estoy meando, Seryi, voy a parar!

Vamos a adelantar la cosa. La chica ya ha meado en un área de servicio, ha comprado dos cafés con hielo, se ha vuelto a montar en el coche y ha puesto la canción que le ha dado la gana.

“I wanna reach for the stars!… Bailamoooos! Te quiero amor mío…”

– ¡Esto que mierda es! – protestaría otra vez el chico.

La chica de las oposiciones da un trago a una botella de agua y se ha metido en los oídos un par de tapones. Yo creo que le estoy jodiendo el estudio; pero ella me está jodiendo con las caras que me pone cuando memoriza en voz baja. Quito a Enrique Iglesias, por muy latina y calentorra que sea la canción, si no estoy absolutamente borracho soy incapaz de tragármela entera (Ojo, sé muy bien que me acaba de salir una perlita de esas que más vale no soltar en público: “Si no estoy absolutamente, borracho soy incapaz de tragármela entera”)

¡Oh Dios! “Father figure” de George Michael ¡Jamás perdí la fe en mi personaje femenino! La escucho en mis cascos y digamos que ella también la ha programado en el coche. ¡Coros gospel, sexo, el aroma del mar, chicos desnudos de la cintura para arriba montados en motocicletas pasándote por delante en la autovía! La canción más jodidamente sexy y perfecta para entrar a Málaga desde el norte. Y que me crucifiquen los puristas que no hay ná’ mejó que los verdiales y la madre que parió al flamenco, pero esta vez prescindiremos del folclore.

“Just hold on, hold on, and won’t let you go, my baby… I will be your father, I’ll be your daddy… till the end of time ”

Nuestros personajes cogen la rotonda que les llevará a al Hospital de Carlos Haya y tiraran por la avenida del mismo nombre hacia la Bp de la chapa donde el GPS les dirá que deben ir a la derecha en la rotonda trecientos metros más adelante hasta el puente de la Avenida de las Américas.

Recuerdo cuando vivía por allí ¡Nunca terminé de salir de mi asombro! En cada calle de mi barrio, Nueva málaga, había un tío al cual me tiraba. ¿Realidad o ficción?

Debo parar un momento, voy a tomar aire. La chica de las oposiciones no sé si estudia derecho o papiroflexia. Lleva diez minutos doblando papelitos con textos pequeñitos.

He vuelto, me ha llegado un mensaka, como diría mi ex compañero de piso bakala, un mensaje de alguien que no conozco. Pone: “necesito una camiseta para la noche, cacho cabrón, no pensarás que andaré toda la puta historia con un pantaloncillo pa’ que todo dios me vea el culo”

¡Qué impacientes!

La rubia y el chulo ése se han parado en el Centro comercial Eroski, han aparcado donde han podido y se han metido al Zara a comprar una camiseta para él y un sombrero guapísimo para ella. Han pagado con la tarjeta de crédito ¡Tienen un montón de pasta y son asquerosamente felices porque están de vacaciones, son jóvenes, tienen un coche y están en la ciudad más marchosa de España!

¿Así está mejor? ¡A mí no me metáis bullas!

¿Me  queréis joder? ¡Os jodéis vosotros!

Al salir se han encontrado el cristal del coche cubierto de multas por haber aparcado en doble fila.

– ¡Me cago en la mar…! – protesta el chico.

– ¡Te dije que no le enviaras el mensaje, que ya se le ocurriría que necesitabas una camiseta! – recrimina la chica.

Me encanta mi personaje femenino: Britny. El chico, Seryi, no tanto.

Ahora vamos a escuchar la que a mí me gusta: “La revolución sexual” de la casa azul.

Los chicos retoman la marcha y cogen en dirección al puerto. Seryi coge las multas y las suelta al aire para que se las lleve el viento. Después de todo esto es sólo un cuento y, si no lo fuera, se podrían recurrir. Reconozco que ellos podrían haber tomado por la autovía hacia Benalmádena o Fuengirola pero había que mostrar Malaguita y algo de el Paseo de Huelin ¿no?

Por Santa Paula tenía yo un amigo colombiano negro como un tizón que estaba bastante confundido con la vida e insistía que yo lo estaba más (probablemente tuviera razón). Decía tener 24 pero tenía 10 más. Su casa siempre estaba llena de gente rara, promiscua, drogata. Era un chapero con buen corazón pero que tenía la mala suerte de rodearse de gente loca y remaba inútilmente contra la corriente. Lo último que supe de él es que abrió un restorán en la ciudad con todo lo que le pagaban. Era capaz de cobrar a un tío ochocientos euros por un par de horas de sexo, pero vivía intranquilo. Estaba todo el día pendiente si sonaba su móvil, no podía ni siquiera ir al cine o a cenar sin pensar que alguien le iba a reconocer. Cuando conocía a un chico siempre salía a colación su “trabajo” y nadie lo entendía. Le costó mucho sufrimiento conseguir que alguien le quisiera por lo que valía, y al final lo logró y abandonó toda esa vida de drogas y sexo por dinero. Con él recorrí las discotecas de la costa del sol, las saunas buscando clientes, los recovecos más oscuros del alma humana, las casas de citas de Torremolinos y algún que otro chalet de algún famoso que no viene a cuente nombrar. Él me enseñó que todos tenemos un precio y que podemos recibir dinero a cambio de algo; de sexo, trabajo, horas de nuestra vida. Por el contrario, yo le enseñé a que cada persona es un ser humano con el cual intercambiar algo y que no es necesario ser tan bestia para conseguir clientes ¡también hay sitio para la elegancia y la seducción! Muchas cosas que sé me las enseñó él, desafortunadamente de muchas jamás podré olvidarme. ¿Realidad o ficción?

¿A qué venía eso? ¡Sigamos con Britny y Seryi!

“He despertado esta mañana y me he comprado una pistola…” Leonard Cohen, exquisito de camino a la playa: La brisa, los chicos semidesnudos, el aroma del pescaíto, la frescura de una cerveza, el calor de una pistola, sombrillas por doquier, un chico en vaqueros entre las dunas vendiendo su cuerpo, un pirsin en la teta derecha de la rubia más guapa de la costa, la arena en los dedos de los pies, la barba que me mata, la boca apestando a tabaco, la playa nudista de guadalmar, los tíos que hacen aquaplaning, las andaluzas poniéndose cremita bronceadora una a otra. ¡Porqué tengo que escribir del sitio donde quiero estar!

Historias patéticas al arrullo de las olas. Sólo una vez sentí mucho, pero mucho miedo y fue en mi ciudad con nombre de trabalenguas. Yo era tan feo (lo era más por dentro) que hubiera hecho cualquier cosa porque alguien me deseara. Y lo hice, dios sabe que lo hice. Llamé a un aviso del periódico de un chico que se prostituía sólo con mujeres de dinero y con eso pagaba la carrera de Medicina. Era un chico bastante normalito pero con una seguridad en sí mismo que habría sido capaz de venderle el Corán a Bush. Nos hicimos amigos. Me engañaba a mí mismo pensando que hacía esto como un experimento antropológico, pero moría de ganas porque alguien dijera que me deseaba y que estaba dispuesto a pagar por mí – cuando vas a una entrevista de trabajo debes mostrarte profesionalmente deseable para que paguen mensualmente por ti ¿Qué diferencia hay ahora? ¡A que ya no ves ninguna!

Este chico, una noche, me convenció de acompañarle a visitar a un cliente, un tío de unos cuarenta y cinco años, que decía que le daba miedo. Cuando íbamos de camino puso el altavoz de su móvil y le llamó para que yo escuchase su voz. Su voz era muy ronca y gutural, como si estuviese acostumbrado a beber whisky. Cuando llegamos a su piso le esperamos sentados en un sofá de una habitación que sólo adornaba con un escritorio y un ordenador. Él apareció vestido de traje negro y se disculpó porque había venido una chica a verle.

– Mi casa es así – decía una y otra vez – siempre hay alguien que viene para obtener algo de mí.

Nos contó que había estado con gente muy importante y con una posición social y política muy delicada que, si algún día se sentía amenazado, lo soltaría todo y rodarían cabezas.

– He estado con hombres y mujeres, parejas, matrimonios, unos frente a otros, nunca me escondí. Me prometieron un gran futuro a cambio de mi silencio y aquí estoy: en mi departamento propio esperando que se cumplan las promesas.

Todo esto con una voz desgarradoramente profunda. Afuera en la calle los perros ladraban, era noche profunda, y ese tío nos mostraba la pantalla de su ordenador con un diseño de una casa que viene por defecto en el Autocad para que viéramos lo buen arquitecto que era (sinceramente dudo que haya sabido encender el ordenador). Él se asomó por la ventana y ordenó callar a los perros porque tenía visitas: “dos chicos que se iba a desayunar” – palabras textuales. Le pedí una copa de lo que tuviera y él salió hacia la cocina. Cogí al estudiante de medicina, que estaba paralizado ante ese personaje tan triste, y salí del piso dando un portazo. ¿Realidad o ficción?

– ¡A la mierda esta playa, hay más tíos que tías en pelota! – grita Seryi.

– Lo que es yo me estoy hinchando de ver tíos buenos – dice Britny.

– ¡Pero si son tos’ maricone’! – protesta Seryi.

– ¡Por eso, porque están más buenos y en la vida me tocarían una teta!

Un chico que está junto a ellos sentado en una toalla de quinientos metros cuadrados (he exagerado), se acerca a la rubia y le coge la teta derecha con el pirsin y la manosea impunemente. La chica sonríe complacida. Seryi le mira con cara de “te voa’ arrancá un ojo de una hostia, joputa”

– Tranqui, aquí somo’ tos’ maricas – dice el chico riendo.

Seryi se pone nervioso. Ya no le hace ni puta gracia que alguien desde alguna parte le escriba la historia de un paseo a la playa y ponga más cosas para que su novia se lo pase bien ¡Y qué pasa con él! Se levanta de un salto y se quita el bañador quedándose en bolas y se va al mar a zambullirse. Creo que lo ha hecho por sí mismo porque a mí en la vida se me hubiera ocurrido describir una acción tan simple.

Yo creo que tienen voluntad propia.

La rubia se enciende un cigarrillo y se cala los audífonos para escuchar una banda chilena con una versión de Soda Stereo. Le encanta como el vocalista arrastra la voz, como suena la batería, la guitarra afilada y el coro de chicos que de fondo gritan ¡Hey, hey, hey! ¡Dios! Un grupo de hombres gruñendo de placer mientras cantan una canción de esas calentorras ¿puede haber algo mejor para ella?

“Estamos solos en la selva, nadie puede venir a rescatarnos, estoy muriéndome de sed y es tu propia piel la que me hace sentir este infierno… te llevaré hasta el extremo…”

El chico de la toalla de al lado le regala un libro y ella lo hojea sin prestar mucha atención recostada sobre su toalla. “En mi habitación” de Guillaume Dustan. Habla de drogas y sexo sin control por todo París.

Yo creo que me he pasado con Seryi y le he dado poco juego en esta historia ¡Ni siquiera le he dado algo que disfrutar! Bien, diremos que al salir del agua se ha visto rodeado de chicas desnudas nadando junto a él y se ha creído transportado al cielo nudista. Ya está. Los chicos somos más simples.

El móvil de Britny vibra sacándola de su casi sueño profundo.

– ¡Amparico! ¡Dónde estás morena!

– En Benicassim – le responden – estoy con unos colegas. Mañana empieza el Fiberfib ¿Os venís?

– Vale, guay, esta noche tiramos para allá. Antes tenemos que despistar a un pesado que nos viene siguiendo desde Madrid y tiramos.

– Vale, guapísima, aquí nos vemos.

¡Hostias! ¡Quieren largarse a Benicassim y yo devaneándome el coco con que se pasan unos días guapos en Malaguita! ¡Malagradecidos!

Seryi sale del agua como tele transportado por las ninfas andaluzas que le hablan como si fuera un famoso jugador de fútbol.

– Me ha llamado Amparico – dice Britny – cuando hayas terminado con las guarras ésas te comento el plan que me ha dicho.

– ¡Que tiremos a Valencia! ¡Pero si acabamos de llegar! – dice Seryi.

La rubia coge su móvil decidida y llama a su amiga confirmándole que contra viento y marea mañana se plantan con todos sus huevos en el concierto ése.

– ¿Y qué vamos a hacer pa’ despistar al pesao’ ese? – pregunta Seryi, que al final va a ser el único que se acuerde de mí.

– ¿A ti alguien te ha preguntado qué quieres hacer con tu vida? – pregunta la rubia.

– A mí no

– Pos a mi tampoco.

Britny escribe un mensaka de esos y lo manda no sé donde.

Ha vibrado mi móvil, un momento que salgo para leerlo… ¡La madre que les parió! ¡Menudos cabrones, se marchan y me dejan sin historia!

Cito textual:

“Chaval… por + k escribas lo k t venga n gana, nosotros hemos kdao n Benicassim ¡K t den por saco!”

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