JODER CON CHILE…

El principal problema de los chilenos es que tienen el mismo modo de ver la prosperidad que los ecuatorianos, los peruanos y los colombianos: apenas pueden se compran una casa y un coche gigantesco (y si puede ser se compran dos). Los argentinos hacen la diferencia (según las propias palabras de otro argentino): ellos ven la prosperidad, desde que se montan en un avión, en la mirada de la azafata de vuelo e imaginan que les entrega en mano un título universitario: Sho soy médico, sho ingeniero, sho arquitecto y sho dentista, ¿viste? Y ya en el avión se creen algo.

Estando fuera es urgente aprender a reconocer a la gente que puede ayudarte de la que sólo quiere verte desbarrancado. En New York, futuro inmigrante chileno, ten cuidado con la población de compatriotas de Sleepy Hollow. No diré más.

¡Es urgente aprender a reconocer a los chilenos buenos de los malos!

El chileno es principalmente aperrado (que resiste todos los embistes que le caigan encima), es valiente (sino díganselo a los que vivieron diecisiete años de Dictadura Militar), trabajador (estúpidamente trabajador), ayuda al prójimo con cualquier dato sobre trabajo (es lo máximo en solidaridad), da asilo sin pensarlo, comida para uno o para una familia entera), amistad desinteresada y mucho cariño al hermano que recién comienza. Esos son los chilenos buenos de los cuales jamás debes apartarte (si no quieres obtener nada por tus propios medios)

Pero también están los chilenos malos: los tacaños (que podrían dejarte morir de hambre sin pensárselo), los que te dan la espalda incluso antes que les pidas un favor, los que te preguntan qué sueldo ganas para compararse (sí, aun quedan imbéciles así), los que preguntan si tienes alguna profesión universitaria para verte (con una sonrisa en el rostro) lavando coches y secándolos con tu diploma universitario, y los que viven rondándote para ver qué pueden sacar de ti. Los chilenos malos que salen al extranjero incluso pueden mostrarse, en grupos, muy envidiosos porque esta clase de cobardes jamás va sólo a ninguna parte, siempre en manada como los perros. De esos hay que huir como si de la peste bubónica se tratase.

En general si vas a salir de Chile a buscar tu oportunidad: Aléjate de los buenos y de los malos. Los buenos te ayudarán tanto que no verás necesario esforzarte y jamás vas a progresar y los malos buscarán joderte la vida con una sonrisa hipócrita en el rostro.

Aprende a sobrevivir solo.

Recuerda que la principal ley chilena es “callar y omitir” que es ley de sobrevivencia y el pasaporte al éxito tanto profesional, como afectivo y social (dentro y fuera del país y donde veas un chileno rondando) No hay que decir las cosas claramente, hay que moverse con sutileza y cuidado para no caer en las redes de quien no quiere ver que te va mejor que a él. En el extranjero también se aplica esta ley. Úsala y jamás la olvides para buscarte la vida como lo hacías en Chile.

En Chile jamás destaques. Hazlo fuera, en el extranjero, cuando estés lejos de todos. No destaques o estás muerto – o juzgado por atreverte a ser lo que quieres ser -. Incluso hay algo que caracteriza a Chile: Si eres talentoso en alguna actividad, vendrá el de al lado y te aplastará impunemente (“chaqueteo”, creo que le llaman a esta conducta de malparidos).  Y puedo asegurar con total seguridad- y no ha nacido aún el valiente que sea capaz de rebatir este argumento -, que en Chile puedes romperte los cuernos toda la vida luchando por tus metas y nunca conseguir nada. Esto, extrañamente, no sucede en el extranjero ¿Cachais ahora por qué se fugan nuestros principales cerebros? ¿Será que el talento en Chile no se paga? ¿O será el chaqueteo tan insportable que nos empuja a renunciar a todo para largarnos?

Tampoco digas lo que piensas; eso es de gente nacida en democracia y en Chile hubo una dictadura que dañó muchos cerebros inteligente y otros no tanto. En Chile la gente escucha y mastica cada palabra que dice. Y piensa, en Chile la gente piensa un montón, le da vueltas a las cosas, analiza cada movimiento y cada frase que sale de la boca de todos por más enrevesada que sea. Los chilenos hemos aprendido a sacar conclusiones a una velocidad alarmante, a atravesar con la mirada como un gran escáner y a enjuiciar antes que alguien abra la boca.

A nosotros, los chilenos, nos enorgullece ser trabajólicos. Somos imbéciles, lo sé, y estamos orgullosos de entregar nuestras vidas y familias al mejor postor por un puesto de trabajo. Llegamos incluso a comprometer nuestra prole por el bien de la empresa pública o privada, eso da igual, somos trabajólicos.

¡Ni siquiera sabemos divertirnos bien! Estamos tan orgullosos de decir que llevamos tanto tiempo sin salir porque estamos todo el día trabajando, que para cuando llega el fin de semana rápidamente nos cogemos el coche para ir al centro comercial a comprar lo que podamos a cuotas con la tarjeta de crédito como los estadounidenses ¡Nos debería dar vergüenza decir que descuidamos a la familia por ser trabajólicos!

El chileno da muchas veces al día las gracias, pero jamás las siente. Es sólo una palabra abusiva. También dice muchas veces palabras sin sentido como:

¡Qué rico! ¡Qué buena! ¡Qué heavy! ¡Qué lindo! ¡Eres super tierno!

Y jamás te insulta en serio a menos que ya esté reventado y vaya a asesinarte pateándote la cabeza en el suelo. El chileno puede ser muy malhablado pero las palabrotas no le relajan; las palabrotas le van calentando, incluso se las puede callar hasta tener los niveles de ira muy altos en que ya es inevitable partirle la cara a alguien.

Los chilenos nos caracterizamos por no tener sentido del humor (señores humoristas, dejen de engañar al pueblo, los chilenos no tenemos ni pizca de sentido del humor porque lo confundimos con decir en voz alta alguna palabrota), los chilenos aguantamos todo lo que nos tiren (hasta el borde del paroxismo), nos creemos los mejores de Sudamérica (título que le hemos quitado a los argentinos, aunque ellos serán hasta el fin de los tiempos más guapos, más atractivos, más simpáticos, más inteligentes, más suertudos y más caraduras que nosotros); nos creemos muy trabajadores confundiendo trabajar dieciséis horas diarias con ser el mejor trabajador del mes), somos feos (aceptémoslo; lo somos a excepción de unos pocos descendientes de alemanes, judíos, árabes e italianos) y estamos convencidos de que podemos ponerle los cuernos a nuestras parejas sin que ésta se dé cuenta de nada ¿de dónde nos hemos inventado esto? Y peor aÚn; cuando nos pillan nos hacemos los ofendidos.

Los chilenos (algunos pocos) somos unos trepadores sociales muy pobres. Un sector de la población pierde el culo por aparentar tener más que los demás. Aunque creo que esta característica no es sólo nuestra sino de toda la gentuza de derechas.

Chile es un gran cubo lleno de cangrejos el cual llenas de agua para ver cuál de ellos se salvará de morir ahogado. Al primer cangrejo que intente salir por sus patas el resto le cogerá y arrastrará abajo. Probado científicamente. Ya te digo.

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